Una nueva era de Cito Café comenzó este mayo, mes en el que se despidieron de su clásica moto azul para abrir su primer local en el Barrio Universitario de Concepción. Tras una marcha blanca, este 18 de mayo abrirá oficialmente este formato del proyecto de Isabel San Martín y Leonardo Pino, quienes buscan mantener su encanto característico. Así como seguir cultivando la estrecha comunidad que los acompañó en el cierre, la mudanza y la reapertura.
En los dos últimos meses, el diseñador y la arquitecta se desdoblaron para seguir atendiendo el carro, mientras preparaban la nueva ubicación en Edmundo Larenas 346. “Siempre quisimos estar en un local, ya (llevábamos) dos inviernos trabajando en la moto y es algo duro y crudo. Necesitamos mejorar nuestra calidad de vida y de trabajo”, señaló Pino a SABES. Además, su vehículo les estaba fallando. “La moto no podía crecer más“, ya no aguantaba la bomba ni el almacenamiento, “nos decía: por favor jubílenme“, explicó San Martín.
Cualquier conocedor del Cito sabe que el café de especialidad no es su único atractivo, sin perjuicio a que fue su punto de partida. El trato amable, la capacidad de conversar y conectar con sus dueños hizo que la clientela volviera y se ampliara. Como reciben a muchos estudiantes UdeC, reconocieron que en el campus, “falta ocio, falta conversación entre personas que quizás pueden no encontrarse nunca. Y nosotros estamos proveyendo ese espacio. Lo que vendemos es la posibilidad de conversar, ser parte del barrio. El café es el medio de la conversación“, apuntó Leo.
Un desafío de esta nueva etapa es mantener esa interacción en un ecosistema que crece y crece. Más allá de la Universidad y los habitante del barrio y la Agüita de la Perdiz, hay un notorio desarrollo comercial en la calle Edmundo Larenas. Para ellos, lo básico es asumirse como vecinos, “rechazar lo barrial le va a costar muchas posibilidades a cualquier emprendimiento”, indicó el dueño. Y también cuidar los precios, que ellos mantienen con formatos pequeños. “Si hay otras ofertas gastronómicas que apuntan a precios más caros, eso sí puede ser excluyente”, agregó la profesional.
El debut de Cito Café como local les permitirá explorar más proyectos, como la microtostaduría que está a cargo de Isa: “queremos tener un espacio en el que podamos probar cosas“. Habrán nuevos dulces y preparaciones, a su estilo, y seguirán creciendo la muralla de stickers. Se les sumará Anto, en la búsqueda de un equipo que les permita dejar la barra y seguir creando. Por ejemplo, merch. El propósito sigue siendo el mismo: “conectar café, personas y espacio”, con calidad y calidez.

Así nació el nuevo Cito Café
Hace poco más de un año, este medio conoció la moto-carrito de Cito Café al costado de la Biblioteca Central. A pesar de su encanto, tenía agua y almacenamiento limitado, y para protegerse del invierno solo tenían un toldo. En ocasiones no les quedaba de otra que cerrar por los temporales. Y aun así, marcó su identidad como negocio: los hizo reconocibles y únicos, dejando la barra muy alta para el nuevo local.
Tanto que, mientras buscaban lugares, habían cuatro requisitos. Tenía que ser pequeño, con espacio de vereda y mirar hacia la calle, además de un costo no tan alto. “Estar en un segundo piso, en una galería, no era opción para nosotros. Y que no tuviera un costo muy alto, porque eso significaba subirle el precio a las preparaciones. Eso era algo que no estábamos dispuestos a hacer”, declaró Leo.
La pareja prefiere el café al paso y sus posibilidades, por sobre la comida o el ‘café de mesa’. “Queremos mantener el café de compartir en comunidad. El formato actual mantiene que sea al paso, que puede ser rápido como puede ser lento. El café lo puedo tener en nada, pero si tú te quieres quedar a compartir, no solo con nosotros, sino con otros clientes, el espacio va a estar“, agregó Isa.
Sobre este mismo, Leo, que es diseñador, reveló que “construimos todo nosotros. Diseñamos una barra que nos permitía trabajar a varias personas. Priorizamos el flujo de barra, el trabajo interno y la calidad de las preparaciones por sobre tener mesas, por sobre tener una atención tradicional”.
Y si existe curiosidad sobre cómo encontraron un lugar tan cerca de donde ubicaban la moto, fue pura suerte. Pero no tanta, otros colegas del rubro del café les pasaron el dato. “Habla de lo bonito de cultivar buenas relaciones”, valoró la barista.

La voluntad de la comunidad
“A pura fuerza de voluntad” se construyó el nuevo Cito, que durante unos meses fueron dos -con la motito-, ambos igual de demandantes. Fueron “muchas, muchas, muchas horas de trabajo. Además del trabajo que ya teníamos. Además de baristas y tostadores, tuvimos que ser diseñadores, constructores, jefes de obra, coordinadores…“, recordó Leo.
En momentos como una mudanza, esos valores abstractos que comparte la comunidad se hacen concretos. “Recibimos muchísima ayuda, de amigos, de colegas, de clientes del Cito que querían ser parte del proceso”, añadió. Y también se volcaron a visitarlos en sus primeros días de marcha blanca, que han registrado en su Instagram.
¿Y el barrio? Desarrollo comercial y tejido social en la UdeC
La conversación alrededor de cafeterías y locales comerciales, especialmente por su relación con la comunidad ‘nativa’ ha levantado lecturas como la gentrificación de los barrios. Una nota del Diario Concepción abordó este fenómeno, apuntando a que estos, junto al avance inmobiliario, pueden llevar a un desplazamiento físico o simbólico.
La zona es un ecosistema que, además del campus y los vecinos, tiene una considerable población flotante. “No solo estudiantes, no solo residentes, sino también oficinas de la UdeC, hijos de las personas que trabajan en la universidad, pensiones, locales, proveedores. Y se está moviendo como un nicho en particular“, señaló Pino. Por su lado, piensa que “le dimos un punto de encuentro y un punto de conversación” a la comunidad ya existente.
San Martín, quien estudió arquitectura, recordó que el Barrio Universitario se ha caracterizado por su diversidad social. Y por lo que aprendió, “un barrio con un tejido social diverso es mucho más rico y armonioso. No deja de tener conflictos, pero es mucho más armonioso”, agregó.
Ambos coinciden en que los emprendimientos que arriban en el área deben adaptarse a ella y cumplir un rol. “Asumirse como vecino, eso puede ser en los precios, también puede ser en la relación humana (…) Si no hay relación humana, tampoco hay barrio”, apuntó Leo.
El futuro del Cito Café
Los chicos todavía deben adaptarse al nuevo espacio, pero ya están barajando más ideas y aprendiendo en el camino. “Hicimos una cafetería que tiene la posibilidad de crecer“, valoró el dueño, que a futuro sueña con “un espacio donde realmente la conversación sea el foco y donde la interacción social sea lo importante”.
En el aspecto cafetero, Isa anhela “con poder costearnos la máquina de espresso de nuestros sueños y poder comprar orígenes de café, de sabores entretenidos”.
Al corto plazo, quieren formar un equipo que comparta sus valores y, eventualmente salir de la barra, tomar unas merecidas vacaciones y seguir cultivando su público. “La comunidad del Cito nos sostiene. El desafío es poder entregarle eso a personas nuevas”, cerró San Martín.
Este lunes 18 de mayo, Cito Café abre oficialmente sus puertas en la nueva locación de Edmundo Larenas 346.
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