Se busca el jurel. Buques de numerosas compañías dedicadas a la pesca industrial en el Biobío emprendieron una expedición para encontrar la escasa materia prima. Usualmente, a esta fecha ya habrían capturado un 60% de la cuota, sin embargo, solo rozan el 28%. Desde el gremio advierten que estos tendrá “efectos económicos y laborales“, señaló su presidenta Macarena Cepeda Godoy.
Las primeras alertas se levantaron en febrero, los peces no estaban en sus caladeros oficiales y cuando encontraban, eran de menor talla. Ya que el jurel es una especie de bajas temperaturas, su desaparición se asocia a que las aguas presentan altas temperaturas pese a la temporada invernal. Anomalía que los habría ahuyentado.
“En simple, no lo hemos podido hallar. Se han hecho cientos de horas de navegación y varias miles de millas náuticas a cargo de tripulaciones muy experimentadas y no está. Hemos dado con algunos cardúmenes, pero con tallas pequeñas (juveniles) o muy mezcladas en cuanto a adultos y juveniles. Por lo que hemos activado el protocolo de buenas prácticas, abandonando la zona de pesca e incluso paralizando la flota“, indicó la ejecutiva.
Actualmente, los 38 barcos que componen el 80% de la flota industrial están en puerto.
Y aunque no están operando, la escasez de jurel unió a Camanchaca, Blumar, Landes y FoodCorp, además de Orizon -que no está asociada- para una búsqueda implacable. El pasado viernes, destinaron ocho buques para realizar ‘tracks’ diseñados en base a información científica con el objetivo de encontrar materia prima para llevar a las plantas de proceso.
El gremio asegura que están resistiendo, esperando que las condiciones oceanográficas cambien y la expedición de frutos. A pesar del optimismo, Cepeda fue categórica en que “los efectos económicos y laborales deberían comenzar a sentirse pronto en la zona de no mediar un cambio“.

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