En octubre de hace más de cinco años, cuando el país se vestía de rosado para promover la detección precoz del cáncer de mama, Andrea Urzúa, matrona de Concepción y en ese entonces presidenta del Colegio Regional de Matronas del Biobío, se preparaba para liderar las actividades de concientización. Sin imaginarlo, ese mismo mes recibiría un diagnóstico que cambiaría su vida.
“La gente que me conoce sabe que soy súper rigurosa con mis controles, y fue en mi control anual donde me pesquisaron el cáncer”, recuerda. “Entonces fue como, oye, yo soy súper ordenada y me pesquisaron, ustedes que no tienen los exámenes al día, pónganse las pilas. Y la verdad es que sirvió bastante, porque me diagnosticaron justo en octubre, cuando estábamos preparando todo lo del mes de la prevención precoz”.
Desde entonces, su historia se convirtió en ejemplo para sus colegas, pacientes y amigas. De hecho, en la ceremonia de reconocimiento a las mujeres que cumplen cinco años libres de cáncer de mama, organizada por el Centro de Mamas Concepción, Andrea es una de las celebradas. Para ella, la fecha no solo marca un hito médico, sino también una reafirmación de vida.
“Cuando volví a trabajar en el hospital, la gente que me veía me decía ‘tú eres una sobreviviente, tú eres una de las que puede contar la historia’. Y fue así como guau, sí, potente, es verdad, soy una de las que puede contar la historia”, relata emocionada.
Su fortaleza fue inmediata. “Como personal de salud sabía que había que hacer un tratamiento. No era un diagnóstico que quería recibir, pero sabía que había que hacer lo que había que hacer, y punto. Le dije al médico que me diera los pasos a seguir, y vamos. Nunca pensé que me iba a morir, nunca vi estadísticas de cuánta gente sobrevivía o no”, dice con convicción.
“Había una hija que criar”: La historia de la matrona de Concepción que celebra cinco años libre de cáncer de mama
Pero más allá de su rol como profesional, Andrea enfrentó el proceso desde su papel más importante: el de madre. “Había una hija que criar. Si hay una mamá que tiene que estar, entonces mi chequeo no necesitaba más motivación que el bienestar de mi hija”.
Hoy, al mirar atrás, asegura que su experiencia la ha convertido en una vocera natural. “Seguir siendo una vocera y seguir insistiendo con el entorno y las mujeres, y con las no mujeres también, porque los hombres también pueden llevar a su señora, hablar con su mamá, con sus hermanas, sus pololas… Hace la diferencia tener los controles al día. Lo que puedan pesquisar, aunque no sea lo que uno quiere escuchar, se puede tratar a tiempo y sobrevivir, y la calidad de vida es muy buena”.
Por lo mismo, Andrea Urzúa sostiene que el autocuidado es una forma de amor. “Como siempre se dice que uno tiene que querer al prójimo, hay que partir queriéndose uno. Y dentro de eso están los controles de salud. No solo el cáncer de mama, también el cérvicouterino y otros ginecológicos. Con una pesquisa precoz no pasa nada, todo queda bien después”.
En ese sentido, Andrea invita a cambiar la forma en que se habla del cáncer y de los controles. “Mucha gente dice que la mamografía es dolorosa, y yo cuando voy a charlas digo: han pasado por partos, con contracciones, sí, eso duele. ¿Podemos comparar ese dolor con una mamografía? No. Entonces no hablemos de dolor, porque el lenguaje crea realidad, y la diferencia es que esto salva vidas”.
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