El mundo ha vuelto a mirar hacia la Luna gracias a la misión Artemis II, la cual marca un hito al convertirse en el primer viaje tripulado más allá de la órbita terrestre en más de 50 años, desde las históricas misiones del Programa Apolo. En este contexto, y en medio de este renovado interés por el satélite, resurge una historia tan curiosa como fascinante, la del chileno que aseguró haber sido su dueño.
Se trata de Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta y pintor nacido en Traiguén y radicado en Talca, quien el 25 de septiembre de 1954 realizó un insólito trámite legal, declaró ser propietario de la Luna. Para ello, utilizó una figura jurídica de la época que permitía inscribir terrenos sin dueño conocido.
Posteriormente, el documento fue presentado ante notario y publicado en el Diario Oficial. Aunque no tuvo reconocimiento legal internacional, el caso rápidamente captó la atención de la prensa, transformándose en un fenómeno mediático dentro y fuera de Chile.
Sin embargo, más que una acción literal, la historia de Gajardo tenía un fuerte componente simbólico. Según él mismo explicó, se trató de una “protesta poética” y también de una solución creativa para cumplir con un requisito del Club Social de Talca, que exigía a sus miembros poseer una propiedad.
En esa línea, para formalizar su idea, el abogado redactó una escritura en la que afirmaba ser dueño del satélite “desde antes de 1857”, una fórmula legal utilizada en ese entonces. Incluso definió sus límites con ironía: “Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral”.
Permiso para alunizaje en la Luna
Con el paso de los años, la historia sumó nuevos episodios. Gajardo relataba que funcionarios del Servicio de Impuestos Internos llegaron a buscarlo para cobrar contribuciones. Frente a esto, su respuesta fue tan ingeniosa como recordada, los invitó a viajar a la Luna, medirla y tasarla antes de emitir cualquier cobro.
Más adelante, el mito alcanzó otro nivel en 1969, con la llegada del hombre al satélite en la misión Apolo 11. Según contó en el programa Sábado Gigante, conducido por Mario Kreutzberger, el Gobierno de Estados Unidos habría solicitado su autorización para el alunizaje.
“Yo le dije: respeto la petición y admiro al presidente por su gesto democrático… porque yo fui el primero que inscribió la Luna y no lo puede hacer nadie más”, relató. Incluso, difundió una supuesta carta, de carácter literario, en la que autorizaba el descenso de Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins.
La curiosa herencia que dejo el chileno que “fue dueño” de la Luna
Finalmente, antes de morir en 1998, Gajardo cerró su historia con un último gesto poético, dejó el satélite en herencia al pueblo chileno. “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”, escribió en su testamento.
No obstante, más allá del mito, lo cierto es que la Luna no pertenece a nadie. El Tratado del Espacio Ultraterrestre, firmado en 1967 bajo el alero de Naciones Unidas, establece que ningún país, empresa o persona puede apropiarse de cuerpos celestes. De este modo, el acuerdo reafirma que el espacio, incluida la Luna, es patrimonio de toda la humanidad.
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