Las Juventudes Socialistas del Biobío fueron protagonistas de una polémica tras un video explicativo que cuestiona el proceso del término de la dictadura militar.
En el marco de la conmemoración del plebiscito del 5 de octubre de 1988, que forjó el inicio del retorno a la democracia en Chile, el partido difundió en sus redes sociales un video que desató un fuerte cuestionamiento, al reivindicar la lucha armada como parte esencial del proceso que permitió la salida de la dictadura militar.
El registro audiovisual pone en duda la narrativa que destaca exclusivamente al voto ciudadano como la clave para la disolución de la dictadura militar, mencionando que “la democracia no se recuperó con un lápiz y un papel”. Con ello los integrantes califican esta idea como “ridícula”, pues según las argumentaciones que entregan, el plebiscito fue un proceso pactado, influido por la acción de los simpatizantes. “Dicho escenario fue posible tanto por la lucha política como por la armada de cientos de militantes, disciplinados que juraron vencer o morir por Chile”, sostienen.
Las declaraciones han generado opiniones divididas en el PS, dado que Camilo Escalona, secretario general del partido, se desmarcó de dichos discursos, pues en una entrevista para Cooperativa aseguró que “no conocía ese caso”.
Por el contrario, Julia Rojas, presidenta del partido en la región del Biobío, indicó que “también estoy de acuerdo con lo que dicen los jóvenes, había muchas expresiones y protestas para que la dictadura accediera junto con la presión internacional”. Además, añadió que “ellos en el video recogen lo que han reflexionado y estudiado. Creo que hay una exageración sobre el tema”.
La transición democrática bajo la lupa académica
El analista político, Lucas Serrano, de la Universidad San Sebastián, plantea que el retorno a la democracia en Chile debe entenderse en su contexto histórico, marcado por una fuerte violencia política que antecedió al plebiscito de 1988. Con ello advierte que los discursos que reivindican la lucha armada tienden a “romantizar” una estrategia que, en muchos casos, respondía más a la supervivencia que a una acción activa contra el régimen militar. “Si no se hubiese conseguido ese acontecimiento democrático, ese hecho de papeleta, la violencia armada no hubiese conseguido mucho”, recalca.
Si se ve desde una perspectiva más académica, Serrano recuerda que, según pensadores como Max Weber, “el Estado es quien tiene el monopolio del uso legítimo de la violencia”, por lo que ningún grupo civil puede atribuirse ese derecho bajo conceptos subjetivos como “el pueblo”. El cientista político reconoce el valor histórico de quienes participaron en luchas armadas, pero advierte que no fueron el factor determinante en la recuperación de la democracia en Chile.
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