17/02/2020 | 15ºC Concepción |
OPINIÓN

El pituto, mejor tener amigos que dinero

El funcionario público es un actor socio territorial presente a lo largo y ancho de nuestra loca geografía nacional, siendo representante del Estado en las 346 comunas de Chile y las 33 comunas de la Región del Biobío.

Este actor, desde una mirada de religiosidad burocrática, tiene una carga similar al “pecado original”, que se asocia a la validez, competencia e idoneidad que tenga la persona para desarrollar el cargo que ejerce, siendo una nebulosa que marca las relaciones sociopolíticas de un territorio con sus miembros.

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Reciente estudio publicado por la “Primera Encuesta Nacional de Funcionarios Públicos”, evidencia de manera clara que de cada tres puestos en la administración pública uno se dio mediante el uso de redes, contacto o dato, popular e históricamente denominado “Pituto”.

Volviendo a la visión del pecado original, desde el presente, se enjuicia ética y moralmente a las personas que utilizan este mecanismo de facilitación de información, quitándole valor a los logros que pueda obtener esta persona, pero más de algunos de esos dedos inquisidores que apuntan y castigan, a futuro tendrán un “pituto” y lo usarán en su beneficio. Es que esta práctica está en nuestro ADN republicano, existiendo canciones y cultura popular asociado a esta práctica.

Pero, ¿Desde dónde proviene esta práctica? Esta práctica se liga al nacer de la Clase Media (C.M) a inicios del s.XX. Esta ha ido evolucionando junto a las transformaciones socioeconómicas y la hipótesis planteada es que el desarrollo de la C.M chilena desde 1920 al alero del Estado significó que uno de los mayores dispositivos de integración social que se benefició éste grupo ha sido y sigue siendo el “intercambio de favor”, consolidando su posición respecto a los sectores populares. O sea, el pituto como medio de posicionamiento y resistencia de un sector sobre otros.

Otra forma que desde la historia se puede entender al “pituto” es como intercambio de favores, la que consiste en la forma de regulación social entre la economía de mercado y la redistribución del Estado, perdura como un intercambio constante de ayuda y apoyo a la familia, a amigos y conocidos. Se capitaliza como una deuda simbólica, generando reciprocidad obligatoria. Es, sigue y será una práctica institucionalizada de larga duración.

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Parte de la riqueza de la práctica estudiada radica en que existe entre la esfera pública y el espacio del mercado un amplio ámbito de regulación social que no tiene que ver ni con la acción pública ni con acción económica.

Existen transacciones, como el pituto, que se construyen en relación con la estructura estatal o privada, se alimentan de ella y construyen una red muy eficiente de ayuda informal. Es una práctica sistemática, que descansa en redes horizontales más bien amistosas y en vínculos de confianza, permite obtener bienes y servicios no disponibles por las vías más formales o más institucionales y en el caso de Chile, se trata casi de la única forma de obtener un trabajo. Es valorado por los chilenos en la medida que ofrece una protección y una seguridad que dependen más del capital social que del capital económico, elemento particularmente valorado por quienes no logran escapar definitivamente de cierta vulnerabilidad social, por eso es mejor tener más y mejores amigos que dinero.

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