En los últimos meses, la violencia en los colegios chilenos ha dejado de ser un fenómeno episódico para transformarse en una señal persistente de alarma social. Desde agresiones entre estudiantes hasta ataques contra docentes, lo que observamos no es solo un problema educativo: es un problema de salud mental, desarrollo y tejido social.
Las cifras son elocuentes. En 2025 se registraron más de 22.000 denuncias en el sistema educativo, con un aumento cercano al 18,7% respecto al año anterior. Solo en el primer trimestre de ese año, las denuncias por convivencia escolar crecieron un 14,2%, incluyendo un preocupante aumento del 121% en agresiones hacia adultos dentro de la comunidad educativa . Más aún, estudios muestran que hasta un 64% de estudiantes de enseñanza básica reporta haber sido víctima de burlas o maltrato, y cerca de un 30% de los escolares ha experimentado bullying . (Superintendencia de Educación, Agencia de Calidad / UNICEF)
Pero reducir este fenómeno a números sería un error. La violencia escolar es, en realidad, un síntoma.
Determinantes: más allá del aula
La conducta violenta en jóvenes rara vez surge de manera aislada. Es el resultado de múltiples determinantes que interactúan:
1. Violencia social y normalización del conflicto
Diversos especialistas han planteado que lo que ocurre en las escuelas refleja una violencia más amplia, instalada en la sociedad. Los adolescentes no inventan la violencia: la reproducen.
2. Deterioro de los vínculos significativos
La evidencia muestra que la fragilidad de los lazos familiares y la disminución del tiempo de interacción afectiva impactan directamente en la regulación emocional. La ausencia de adultos disponibles —emocionalmente, no solo físicamente— deja a muchos jóvenes sin contención.
3. Salud mental deteriorada en la adolescencia
Chile enfrenta un aumento sostenido de síntomas ansiosos, depresivos y conductas impulsivas en población adolescente. La violencia, muchas veces, es la expresión conductual de un sufrimiento no verbalizado.
4. Exposición digital y cultura de la inmediatez
El mundo digital amplifica la violencia (ciberacoso, humillación pública) y reduce la tolerancia a la frustración. Además, fenómenos de imitación —observados incluso en ataques planificados— sugieren una peligrosa circulación de modelos violentos .
5. Escuela sobrecargada y debilitada en su rol formativo
La institución escolar ha debido asumir funciones sociales y emocionales para las que no siempre tiene herramientas ni recursos suficientes. A esto se suma el desgaste docente y la pérdida de autoridad pedagógica.
Un error frecuente: responder solo con control
Frente a esta crisis, han surgido medidas como detectores de metales o mayor vigilancia. Si bien pueden ser necesarias en contextos específicos, son respuestas reactivas, no preventivas. La evidencia y la experiencia clínica coinciden: intervenir solo en la conducta visible sin abordar las causas profundas es, en el mejor de los casos, insuficiente .
¿Cómo abordar el problema? Una mirada integral
La violencia escolar no se resuelve con una sola estrategia. Requiere un enfoque multisistémico:
1. Intervención temprana en salud mental
- Tamizaje sistemático en escuelas
- Acceso oportuno a atención psicológica y psiquiátrica
- Programas de regulación emocional desde la infancia
2. Fortalecimiento de habilidades socioemocionales, la deuda emocional
No basta con contenidos académicos. La evidencia muestra que enseñar empatía, resolución de conflictos y autocontrol reduce conductas agresivas.
3. Trabajo con familias, volver al vínculo temprano
- Programas de parentalidad positiva
- Educación sobre uso de pantallas
- Recuperación del rol vincular de los cuidadores
4. Apoyo real a docentes
- Formación en manejo de crisis y convivencia
- Espacios de contención emocional para profesores
- Equipos interdisciplinarios en los colegios
5. Cultura escolar basada en comunidad, no en sanción
Las escuelas que logran mejores resultados no son las más punitivas, sino aquellas que construyen pertenencia, identidad y sentido.
Una advertencia necesaria
Cuando un adolescente ejerce violencia, no solo hay una víctima: hay también un joven en riesgo. Ignorar esto es perder una oportunidad de intervención.
La violencia escolar no es un fenómeno nuevo, pero sí está mutando. Se vuelve más intensa, más visible y, en algunos casos, más extrema. Esto nos obliga a cambiar la pregunta: ya no basta con preguntarnos “cómo detener la violencia”, sino por qué nuestros adolescentes están llegando a este punto.
Porque cuando la violencia se instala en la escuela, no es la escuela la que ha fallado solamente: es la sociedad completa la que está hablando a través de ellos.
Unidad Atención de Adolescencia
Clínica Andes Salud Concepción
Revisa aquí más noticias de la Región del Biobío. Síguenos en Facebook e Instagram para ver fotografías con datos de contingencia nacional y del Gran Concepción.