Con más de cuatro décadas del histórico Centro Comercial Prat o Persa Biobío de Concepción, Margarita García ha sido testigo directo del auge y la caída de uno de los espacios comerciales más tradicionales del sector. “Yo llevo 45 años aquí. Empecé con mi mamá, que también trabajó en el Persa y hoy tiene 88 años”, relata, dando cuenta de una historia familiar ligada profundamente al comercio local.
Según recuerda, el recinto llegó a albergar cerca de un centenar de locales en funcionamiento. Hoy, la realidad es muy distinta. “Ahora quedamos como 20 locales, y no todos abren todos los días”, cuenta.
La baja en la actividad no es reciente. Margarita sitúa el cambio hace más de 15 años, aunque reconoce que la pandemia terminó por profundizar la crisis. “Antes venía harta gente. Ahora no viene mucha. Vienen a mirar, a explorar, pero no como antes”, afirma.
“Aferrados a la historia” del Persa Biobío de Concepción
Actualmente, trabaja solo tres días a la semana -lunes, miércoles y viernes-, mientras el resto del tiempo lo cubre su hijo. A pesar de la disminución en las ventas, los costos se mantienen. “Pagamos impuestos, patentes y también hay que pagar sereno, porque si no, se roban todo”, explica.
El público que aún llega al Persa ha cambiado. Hoy, dice, son principalmente trabajadores quienes buscan artículos específicos. “Viene gente más humilde, trabajadores de la construcción. Ellos compran ropa de trabajo y zapatos“, detalla.
Para Margarita, el local no es solo una fuente de ingresos, sino parte de su vida. Sin embargo, reconoce que sin su pensión y la de su esposo, sería difícil sostenerse únicamente con las ventas actuales. Pese al complejo escenario, los locatarios continúan abriendo sus puestos, aferrados a la historia y al valor tradicional del Persa Biobío, esperando que el flujo de público vuelva a ser el de antaño.
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