El ajuste temporal de invierno se estableció en Chile continental el pasado sábado 4 de abril. Tras el cambio de hora estacional, la salud mental es un tema que se pone sobre la mesa ya que cada rango etario se ve afectado psicológicamente. Debido a que en este periodo hay un conjunto de factores que inciden en este ámbito, como por ejemplo, la baja exposición a la luz solar, alteraciones del sueño, mayor sedentarismo, entre otros.
El psicólogo clínico, especialista en vínculos y trastornos de la conducta alimentaria; Felipe Vera, afirma que los efectos psicológicos del cambio de hora, sumado al desánimo que genera la transición estacional otoño-invierno, se hace notar de diferentes maneras según la edad. “En los niños se produce más irritabilidad y más desregulación del sueño. En los adultos se presenta mayor fatiga, estrés, baja en el rendimiento laboral. En edades más avanzadas suele haber más síntomas depresivos”.
Sin embargo, a nivel psicológico, los más afectados son los adolescentes. Pues además de presentar varios de los síntomas antes descritos, el impacto es más profundo “porque están viviendo una etapa donde los vínculos generan identidad, sentido de pertenencia y que son clave para el desarrollo emotivo”.
El profesional de la salud mental explica que en esta época suele observar “una sensación de desmotivación generalizada. No es solo cansancio, sino una desconexión emocional que hace que las personas le pierdan el sentido a las actividades que hacen y a sus relaciones. Esto aumenta los conflictos entre amigos, parejas y familiares”.
¿De qué forma el cambio de hora y transición estacionaria afecta en los vínculos?
Lo primero es comprender que los vínculos se ven perjudicados como una consecuencia que deriva de los impactos primarios. De partida, “la baja de la luz solar se traduce en más encierro. Estas son dos situaciones que reactivan emociones inconscientes, como el abandono, soledad o desconexión”, según lo que dice el experto.
El descanso se ve perturbado igualmente, ya que “los cambios de hora y estacionales alteran el ritmo circadiano, es decir, nuestro reloj biológico. Esto afecta el sueño, la energía, y hormonas como la melatonina (del sueño) y serotonina (de la felicidad)”, agrega.
Otro punto es que el oscurecimiento temprano implica una disminución de la actividad física y un aumento en el uso de pantallas. Por lo que el sedentarismo se vuelve un estilo de vida común.
Según el psicólogo, esto produce una disminución energética, lo que por consiguiente “disminuye la calidad de los encuentros sociales. Porque suele suceder que te puedes juntar con alguien que puede presentar-por ejemplo- irritabilidad , lo que genera distanciamiento emocional y un daño al vinculo”.
También detalla que en esta etapa suelen presentarse casos de Trastorno Afectivo Estacionario (TAE). Esta es una variable de la depresión que suele aparecer en otoño y persiste en invierno. Sus síntomas son “desánimo constante, fatiga, somnolencia excesiva, aumento del apetito; aunque lo que incrementa son las ganas de comer carbohidratos en vez de frutas y verduras, dificultad para concentrarse y aislamiento social. También se experimenta sensaciones internas de vació y desconexión emocional”.
¿Cómo podemos compensar esto?
Concordando con el conocimiento del profesional, la adaptación a estos cambios de horario y estacionales dura entre tres a diez días. Sin embargo, se puede seguir produciendo un impacto emocional que puede durar semanas o incluso más tiempo en caso de que la persona esté enfrentando un estado anímico más serio. Por lo anteriormente mencionado, es que el psicólogo hace un llamado a establecer buenos hábitos como una solución plausible para el cuidado de una salud mental sana.
El profesional aconseja “dormir y levantarse a la misma hora todos los días. Evitar las pantallas antes de dormir. Exponerse a luz natural temprano, aunque esté nublado. No hacer siestas largas. Alimentación equilibrada. Reducción de injerencia de azucares, alcohol y sustancias tóxicas. También es muy importante hacer ejercicio y actividad física, idealmente en las mañanas o en la mediana tarde; hacer ejercicio pasada esa hora o en la noche puede ser contraproducente”.
Por último, hace énfasis que los hábitos sociales son igual de importantes. En este sentido, aconseja “salir de casa. Mantener un contacto social activo con una actitud social positiva, aunque sea difícil en muchos casos. Generar instancias de encuentro familiares significativos. Comer juntos en la mesa. Ser abierto y no tener vergüenza en expresar como te sientes. Sostener rutinas compartidas con parientes o amistades también marca una gran diferencia.
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