El caso de Antonia Ramírez, hija del periodista Gonzalo Ramírez, ha puesto en relieve la complejidad de los trasplantes combinados en Chile. La joven de 28 años comunicó a través de sus redes sociales que se encuentra a la espera de un trasplante de riñón y páncreas. Esto debido a complicaciones derivadas de una diabetes tipo 1 que padece desde la infancia.
Desde el ámbito médico, el académico del Departamento de Ciencias Clínicas y Preclínicas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Nicolás Saá, explicó que no todos los pacientes califican para este tipo de procedimientos. “Un paciente es considerado apto para trasplante no solo por la gravedad de su enfermedad, sino por una evaluación integral que pondera su capacidad de beneficiarse del procedimiento en el largo plazo”, señaló.
El especialista detalló que estos casos corresponden a enfermedades avanzadas e irreversibles, como la insuficiencia renal crónica terminal, donde los tratamientos convencionales ya no son suficientes. Además, se deben descartar factores de riesgo como infecciones activas o enfermedades no controladas, junto con asegurar la adherencia al tratamiento.
La razón de un trasplante doble
En relación al caso específico de Antonia, Saá explicó que la necesidad de un trasplante combinado responde a una causa de fondo. “Esta diabetes al destruir las células beta del páncreas, genera una dependencia absoluta de la insulina y expone al organismo a un daño microvascular progresivo”, indicó.
Este daño afecta especialmente a los riñones, derivando en una nefropatía diabética que puede evolucionar hacia una insuficiencia renal terminal. Por ello, el especialista advierte que un trasplante renal por sí solo no resuelve completamente el problema. “El trasplante pancreático aborda precisamente ese núcleo fisiopatológico, restaurando la producción de insulina”, explicó, agregando que el trasplante conjunto permite no solo reemplazar funciones perdidas, sino también modificar la evolución de la enfermedad.
Cómo se realiza el procedimiento
El médico detalló que este tipo de trasplante se realiza generalmente de manera simultánea, utilizando órganos de un donante fallecido. “Se trata de una intervención de alta complejidad que se extiende por varias horas y que implica la implantación de ambos órganos en la región abdominal”, señaló.
Tras la cirugía, el paciente entra en una etapa crítica de monitoreo, donde se evalúa el funcionamiento de los órganos trasplantados. En paralelo, se inicia un tratamiento de inmunosupresión que deberá mantenerse de por vida para evitar el rechazo.
Un desafío para el sistema de salud
Si bien en Chile existen experiencias de trasplante combinado de riñón y páncreas, Saá subrayó que sigue siendo un procedimiento poco frecuente. “Su desarrollo ha estado ligado a centros de alta complejidad, con equipos especializados, pero su disponibilidad es limitada”, afirmó.
Entre los factores que inciden en esto, mencionó la baja donación de órganos, la complejidad logística y la necesidad de equipos altamente capacitados. En ese contexto, concluyó que casos como el de Antonia Ramírez permiten visibilizar no solo una situación médica individual, sino también los desafíos estructurales que enfrenta el sistema de trasplantes en el país.
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