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Las razones detrás del aumento de la Violencia Escolar: Expertos coinciden que problema es multidimensional y sobrepasa a los gobiernos de turno

Por | 2026-04-02T10:29:16

Algo está pasando y claramente no lo estamos viendo en materia de violencia escolar. Después de los hechos de Calama se han sucedido una serie de situaciones protagonizadas por estudiantes donde con armas de fuego o blancas en los colegios tienen al sistema educacional dando “vueltas en círculos”.

En SABES decidimos acudir a la opinión de expertos. Concepción es una ciudad universitaria y hay muchos especialistas en materia educacional. A ellos expusimos este tema y entregaron sus reflexiones sobre lo que debiera ser nuestra principal preocupación, el tema de fondo, ¿Por qué los alumnos están llevando armas a los colegios?, ¿Qué debiéramos hacer para evitar esta alza en los incidentes?

Las razones detrás de la violencia escolar

Oscar Nail pertenece a la Facultad de Educación de la U. de Concepción. Es experto en gestión de la convivencia escolar, prevención de la violencia escolar y conflictos en el Aula.

Consultado por SABES explica que, “la violencia de los colegios está íntimamente ligada a los territorios en los cuales están insertos. Los Colegios de Chile están instalados en un sistema territorial que de alguna manera refleja la hiper-segmentación social que tiene el país. Es decir, en los barrios más vulnerables, están generalmente los colegios que tienen mayores situaciones de entorno violento y eso está ligado al tipo de familia y a las expectativas sociales que tiene esa familia respecto al desarrollo del joven. Por lo tanto, la violencia en las escuelas es un problema que sobrepasa la escuela y tiene que ser visto sistémicamente con los territorios”.

Sobre las razones de fondo el experto y psicólogo de la UCSC Cristian Neira, tiene una opinión similar, “no estamos frente a un escenario en que los jóvenes sean intrínsecamente más violentos o en que la escuela sea la única responsable, sino ante una interacción entre ambos en un contexto social más amplio. La violencia que emerge en el espacio escolar suele ser la expresión de tensiones que exceden al colegio, pero que se manifiestan en él”.
“En este sentido, la escuela funciona como un termómetro social -afirma el experto- lo que allí ocurre refleja, en gran medida, las condiciones del entorno. Cuando los sistemas de protección (familiares, comunitarios e institucionales) son percibidos como débiles o inconsistentes, algunos jóvenes desarrollan respuestas adaptativas basadas en la defensa y la desconfianza. Esto no justifica la violencia, pero permite comprenderla como una conducta situada, más que como un rasgo individual aislado”.

Detectores de metales ¿sirven de algo o no?

Oscar Nail reflexiona sobre este tema, “yo diría que eso es una partecita del problema, los colegios pueden poner detectores de metales como existen en muchas partes del mundo, especialmente en EE.UU. pero son administrados por profesionales, no por profesores. Incluso hay colegios que cuentan con vigilancia policiaca en algunos estados. Pese a todos estos mecanismos aun así sabemos y hemos visto -incluso hay un informe del 2023 en USA en las escuelas públicas que no se detuvo la violencia en las escuelas- y ellos volvieron a un enfoque más centrado en las personas”.

Cristian Neira reafirma lo dicho por Nail, “los detectores de metales pueden tener un efecto disuasivo puntual y contribuir a la contención inmediata del riesgo, pero su alcance es limitado si no se aborda el problema de fondo. Son medidas que operan en el nivel del control, no en el de la comprensión ni en el de la prevención estructural. Incluso, en algunos casos, pueden reforzar la percepción de que el entorno es peligroso o de que la institución desconfía de sus propios estudiantes, lo que puede tensionar aún más el clima escolar. Por sí solos, no modifican las dinámicas psicológicas ni sociales que llevan a un joven a portar un arma. Por eso, su utilidad es acotada y debe entenderse como complementaria, no como una solución central”.

La solución al problema: Multisistémica, más allá de los gobiernos

“Esta es una tarea mucho más sistémica – afirma Oscar Nail- donde se requiere articular educación, salud, salud mental, bienestar políticas públicas, financiamiento, equipos multidisciplinarios para las escuelas, liderazgos directivos. Una serie de medidas que tienen que hacerse distritalmente y obviamente con recursos. Entonces esas medidas son estructurales, trascienden las elecciones de alcaldes y las políticas de un gobierno específico, pero eso se ha comprobado es lo que hay que hacer”.

El Dr. Cristian Neira de la UCSC afirma que hay que “abordar la problemática de fondo implica salir de una lógica centrada únicamente en el control de la conducta y avanzar hacia la reconstrucción de entornos protectores. Esto requiere intervenciones articuladas en distintos niveles: escuela, familia y comunidad. En el ámbito escolar, es clave fortalecer el sentido de pertenencia y la confianza, promoviendo espacios donde los estudiantes se sientan escuchados, protegidos y reconocidos. Más que centrarse exclusivamente en sancionar, se trata de construir vínculos que disminuyan la percepción de amenaza”.
“En paralelo, el trabajo con las familias es fundamental, especialmente en el fortalecimiento de habilidades parentales y en la generación de redes de apoyo que reduzcan el aislamiento. Cuando la familia también se encuentra tensionada o desbordada, el adolescente queda en una posición de mayor vulnerabilidad”.
Finalmente, ninguna intervención será suficiente si no se considera el contexto más amplio. La violencia no se origina en un solo lugar, por lo que su abordaje requiere coherencia entre las respuestas educativas, sociales e institucionales. La prevención real ocurre cuando el joven deja de percibir el mundo como un espacio hostil y comienza a sentirse sostenido por una red que le ofrece alternativas distintas a la violencia”, concluyó el experto.

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