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Los tesoros escondidos en el valle y la costa de la región de Coquimbo: Cuarzo, cerámica y fauna silvestre

Por | 2025-12-11T13:59:01

La región de Coquimbo es famosa por destinos como el Valle del Elqui o La Serena, pero hay muchos lugares por descubrir al adentrarse en sus cerros o bajar a sus playas. A menos de dos horas en avión desde el aeropuerto Carriel Sur, es una opción de turismo wellness, patrimonial, natural y astronómico para los y las penquistas.

En un viaje organizado por Sernatur, SABES conoció tres emprendimientos familiares de la aldea de Tilama en Los Vilos. El sector es conocido por el puente metálico por el que pasaba el ferrocarril, con la antigua oficina transformada en Estación Retorno, bajo el liderazgo de Ema Saavedra Estay.

“Tenemos acá todo un espacio pensado en la emoción del comer, de sentirse mejor“, señaló la mujer dedicada al bienestar. De ascendencia diaguita, Saavedra vende productos “generados por nuestro patriarca” y cocina basada en “la enseñanza de nuestras abuelas. Es una comida adaptada a los tiempos modernos, pero con sabores e ingredientes antiguos, los granos, la leche, productos que se plantan acá y hierbas originarias, como el molle”.

La estancia es el lugar perfecto para descansar a la sombra, sobre el piso de cuarzo mientras las mariposas lobito agreste revolotean en las flores. Ema tiene preparaciones como la sopa de chuchoca y el macho ruso, que pueden acompañar con terapia con cuencos.

En el valle del Quilimarí, cercano a la región de Valparaíso, hay rastros de la conexión entre la cultura diaguita y el Molle con la mapuche. Tras almorzar en Estación Retorno, se puede continuar a la aldea Guangualí, cuyo nombre se asocia al mapudungún.

El postre macho ruso y una mariposa lobito agreste. Foto: SABES.

Las cabritas de Coquimbo en cerámica gres

Cerámicas Guangualí está cumpliendo 28 años desde que presentaron sus primeras piezas hechas en cerámica gres. Dentro de su local, que la encargada atiende con sus nietos alrededor, hay platos, ceniceros, vasos, mates, floreros y decoraciones en pigmentos marrones, azules, turquesas y rosados.

“La cerámica gres es un técnica, es una arcilla esmaltada que se lleva dos veces al horno. Una etapa primero de bizcocho, la segunda de esmaltado. El bizcocho unas ocho o diez horas. Y el esmalte, para que llegue a 1250°C, para que sea gres, se demora unas 14 a 15 horas“, explicó Mariana Huerta, quien gestiona el emprendimiento que la reúne a ella y tres mujeres.

Sus motivos son la flora y fauna del campo: cabras, gallinas y cactus, pero también incorporan petroglifos del arte rupestre de Coquimbo.

Una cabrita en cerámica gres. Foto: SABES.

El oasis de Casa Guangualí en el Valle del Quilimarí

Los cuarzos que usa Estación Retorno en sus terapias y las cerámicas en sus piezas relucen por completo al llegar a Casa Guangualí. “Coquimbo se está reencontrando con elementos que son propios de la región. Todo este valle es de cuarzo, existen vetas y napas subterráneas, son minerales propios de acá”, señaló Javiera Araya, coordinadora del lugar.

Este espacio está destinado al descanso y la desconexión con servicios como masajes, terapias multisensoriales y meditación. María Alicia Haeussler, más conocida como Titi, guía a los visitantes en esta ruta de bienestar con comprensión, naturalidad y cercanía.

Un punto central es la terapia con cuencos de cuarzo, “es un instrumento que si bien tiene una frecuencia sonora, también tiene una frecuencia de sanación. Hay una resonancia que se genera simplemente porque estamos conformados por los mismos elementos”, indicó Javiera.

Las camas de cuarzo en Casa Guangualí (y la gata Cuchita visitando el centro de meditación). Foto: SABES.

Los pingüinos de Pichidangui

En la costa del Valle del Quilimarí espera Pichidangui -mapudungún para pequeña balsa-, un ecosistema de flora y fauna marina. En su horizonte está el cerro Santa Inés con bosques de olivillos y frente a la playa está la Isla Loco, que en un momento albergó 600 pingüinos.

Juan Carlos Saavedra y su padre están dedicados a los tour por la bahía, donde se avista la desembocadura del río Quilimarí y la cueva de la Quintrala. La riqueza natural es deslumbrante, con locos y erizos, “en las algas está el huiro negro, el huiro palo, el huiro flotador, el cochayuyo. Y de las aves están las gaviotas, los pelícanos, el cormorán, el pato checo y los pingüinos de Humboldt“, indicó.

Una gripe aviaria diezmó la población de pingüinos en la Isla Loco, que hoy es un área protegida. “Ahora deben quedar más o menos unos 200, 150 pingüinos. El horario para verlos es temprano, 7 y media u 8 de la mañana, y en la tardecita de las 5 y media en adelante”, explicó.

La guía turística María Teresa Rojas destacó a la región de Coquimbo como una sector de transición y de alta multiculturalidad.

“Yo creo que al ser una zona de transición ecológica influyó en que fuese un lugar fuertemente poblado por nuestros pueblos originarios. Aquí pasamos de un norte semiárido, de la vegetación xerófila, a introducirnos poco a poco lo que es el bosque esclerófilo“, por lo que los penquistas reconocerán algunos paisajes y especies de su propia experiencia.

Una pareja tomando el sol. Foto: SABES.

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