Pedro Fernández lleva 37 años instalado en un kiosco de literatura en Edmundo Larenas, específicamente, atrás de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Concepción. Pedro se ha dedicado todos estos años a vender todo tipo de textos académicos, principalmente a funcionarios de la UdeC. Este mes Fernández está estrenando una nueva estructura para su negocio, un nuevo kiosco que reemplazará al anterior y le permitirá mejorar sus condiciones laborales y sobrellevar algunas problemáticas asociadas a la ubicación de su local.
Negocio emblemático en la UdeC
Pedro Fernández hizo un balance de su historia como vendedor: “Yo siempre he ofrecido literatura y todo lo que las distribuidoras del Mercurio traigan, como colecciones de filosofía y ciencia, hay mucha variedad. Llevo 37 años aquí instalado con mi negocio, incluso fue en el año 1975 cuando empecé a dar mis primeros pasos vendiendo diarios y revistas, rondando la universidad antes de establecerme. Mi principal clientela son los trabajadores de planta, como académicos, secretarias o auxiliares de la universidad”.
Durante los últimos años su local corresponde a un punto de reunión recurrente para jóvenes, los cuales comparten hasta altas horas de la noche a un costado del mítico kiosco. Esta situación ha significado diversas adversidades para Pedro.
“Yo nunca he tenido problemas, pero después de la pandemia se estableció que ya no se podían tener carretes dentro de la universidad. Los jóvenes empezaron a tener sus reuniones acá al lado de mi local, esas fiestas me han traído hartos problemas con las juntas de vecinos, pero no es culpa mía el desorden”, sostuvo Fernández.
Sumado a lo anterior, Pedro sostiene que su anterior kiosco se vio muy deteriorado por los jóvenes que orinaban su local, situación que además de dañar la estructura, provocaba un mal olor en su sitio de trabajo.
Un nuevo kiosco para Pedro
El anterior kiosco de Fernández fue retirado por solicitud de él mismo: “Yo hice una postulación para que se cambiara la anterior estructura de mi negocio, afortunadamente, con la mediación del presidente del sindicato se logró. Ya la mayoría de mis colegas habían renovado su local y por fin me tocó a mi y la empresa a cargo me instaló este nuevo”.
Bajo la misma línea, Pedro indica que aún están pendientes ciertos elementos en su local: “Me faltan exhibidores de los productos que yo vendo, algo que me sirva para mostrar lo que vendo. Aunque ya pronto me deberían llegar. Yo estoy feliz con este cambio y creo que seguiré siendo un aporte para la gente de la universidad”.
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