*Por María José Fernández Valdés y María José Norambuena Salgado
Los niños juegan en el patio, mientras que los padres disfrutan conversando al lado de la parrilla. Patricia Gutiérrez es la anfitriona del cumpleaños. Es madre de cuatro hijas, las cuales la interrumpen constantemente en medio de la fiesta. “Eso pasa cuando eres mamá, tienes que estar al pendiente y siempre te van a estar buscando a ti”, dice.
Patricia comenta que su cuarta hija no fue planeada. Se enteró a los cinco meses de gestación. Aunque sintió que ocurrían cambios en su cuerpo, no los tomó en cuenta. Al momento de ver la prueba de embarazo positiva, inmediatamente decidió que sería su último hijo. No tendría más.
El 24 de octubre del 2024, Patricia tuvo su último parto y posterior a eso se ligó las trompas. Aunque sus alumbramientos anteriores habían sido naturales, en esta ocasión el doctor le dijo que tenía que ser por cesárea. “Por mí, hubiera tenido parto normal”, señala. Es que Patricia estaba informada respecto a los problemas asociados a la cirugía: una recuperación más lenta y dolorosa. Pero no le dieron alternativa: “El ginecólogo me recalcó que, para poder ligarme, debía tener una cesárea, así que sólo me quedó asumir”.
Las cifras
De acuerdo con los datos entregados por el Ministerio de Salud (Minsal), durante el año 2024 en Chile hubo 80.428 partos por cesárea, contra 54.293 partos vaginales. En el caso de los recintos privados el predominio de las cesáreas es incluso mayor. Ese mismo año hubo 36.831 cirugías de parto contra 13.952 nacimientos naturales. En el sistema público, en tanto, la diferencia fue menor: 43 mil cesáreas contra 40 mil partos naturales.
En cuanto a la región del Biobío, de los 13 mil partos realizados el año pasado, 8 mil fueron por cesárea y 5 mil fueron naturales, lo que pone a la región en la misma tendencia que el resto del país. Y en el caso del sistema privado a lo menos 8 de cada 10 partos fueron por cesárea (4.490 cesáreas versus 913 partos naturales).
Juan Escalona Muñoz, médico cirujano con especialidad en Ginecología y Obstetricia, explica que a inicios del siglo XX había una alta tasa de mortalidad infantil en Chile, por lo que realizar cesáreas era un método que permitió salvar muchas vidas. Sin embargo, en el año 1985 la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una recomendación a nivel internacional que indica que la tasa de cesáreas debería mantenerse entre el 10 y el 15%, priorizando el parto de manera natural. En 2017, la OCDE posicionó a Chile en el segundo lugar de países con mayor realización de cesáreas dentro de los que mide el organismo, con un 53%. El 2024, según las cifras solicitadas para este reportaje, el porcentaje incluso ha aumentado: 59,7% de los nacimientos fueron por cesárea. ¿Qué explica esto?
El doctor Escalona señala que es un problema multifactorial. “Hay desinformación sobre el deterioro de la salud del bebé que nace por cesárea electiva y un miedo irracional al parto natural por falta de conocimiento”.
A esto se sumaría la escasa fiscalización en las clínicas privadas, donde nacer por vía vaginal es actualmente una excepción. Alejandra Becerra, matrona y educadora prenatal egresada de la Universidad de Concepción, explica que “los equipos médicos no están dispuestos a invertir mucho tiempo y optan por la cesárea, que son 45 minutos de procedimiento operatorio en total”.
Para Becerra, hay una falta de supervisión que “evidencia la necesidad de políticas públicas que promuevan educación prenatal y el acompañamiento continuo”.
A nivel mundial, solamente los países africanos y nórdicos como Noruega (15%) o Finlandia (16%) tienen una tasa de cesáreas que se encuentran por debajo de la cifra recomendada por la OMS. La gran mayoría de las naciones superan estos porcentajes, siendo las de Latinoamérica las que cuentan con los índices más altos. En el caso de Chile, sus cifras posicionan al país entre los con menos partos naturales.
¿Qué significa someterse a una cesárea?
Patricia nunca había experimentado una cesárea. Desde su primera hija solo optó por partos normales. Además, ninguna de sus amigas o familiares cercanos se había realizado una. El doctor le dio la información precisa y puntual. Tras esto, decidió investigar y consultar con más mujeres que se habían sometido a este tipo de parto e intentó solucionar todas sus dudas. Pero en el mismo parto tuvo sorpresas.
Lo primero que esperaba era no volver a experimentar las contracciones, no obstante, la labor de parto se adelantó y sí las sufrió. “Todos me decían que con la cesárea no iba a sentir contracciones, pero desperté ese mismo día con dolor”, relata.
Durante la intervención, enfrentó una nueva sorpresa: “Cuando me pusieron la anestesia, sentí que me subía un calor por el cuerpo. Me dieron náuseas y sentí que me iba a desmayar. Le avisé al anestesista y me colocaron otra inyección. Ahí recién se me pasó”, recuerda. Sin embargo, lo que más la preocupó fue que sintió que el apego fue diferente. “No es como tenerlo por parto normal, porque uno ahí está en cada momento con él, todo el rato. En una cesárea te lo traen después”.
La recuperación también fue compleja. “No puedes moverte. Me dolían los puntos, me sentía hinchada. Me tenían que acompañar al baño. Con parto normal yo me paré sola al poco tiempo. Me sentía independiente”, rememora.
Así como Patricia, la mayoría de las mujeres chilenas se están sometiendo a cesáreas, pero ¿son ellas quienes lo están decidiendo? Cristhel Fagerstrom, especialista en piso pélvico y matrona de la Universidad de Chile, responde que no siempre. “En el servicio público la mujer generalmente va al parto natural y, si algo se complica, se hace la cesárea. En cambio, en el sistema privado existe la cesárea por solicitud materna”. La especialista sostiene que el miedo hacia el parto vaginal se alimenta de malos consejos de ‘influencers’, quienes comparten información basada en su vivencia personal, pero que carece de evidencia científica sólida. “Normalmente, aquellas que están cursando una primera gestación, y que no tienen experiencia al respecto, se ven muy influenciadas por este tipo de comentarios”, indica.
La desinformación es habitual. Fagerstrom menciona que un mito común es que la cesárea no afecta la zona pélvica. Sin embargo, esto es falso. “El piso pélvico se daña desde el quinto mes de gestación. Puedes tener una cesárea o un parto vaginal, pero el suelo pélvico se va a ver comprometido igual. La cesárea no te libra de eso”, explica la matrona.
La labor en los hospitales
Cuando las madres van a dar a luz por parto natural, se deben efectuar dos procedimientos esenciales: el trabajo de parto y el apego. Sin embargo, al realizarse una cesárea, el proceso es distinto. Cristhel Fagerstrom menciona que las cesáreas limitan estas etapas fundamentales. En el caso del apego, es complejo que la madre pueda abrazar a su hijo, ya que tiene una vía venosa en su brazo y un suero, además de encontrarse conectada a monitores. Fagerstrom comenta que desde el Colegio de Matronas “se ha dado una voz de alerta desde que comenzaron a subir estas tasas”.
Sonia Luna Tapia, de 28 años, decidió que su segunda hija nacería por parto normal. Esto luego de tener su primer embarazo a través de una cesárea. La decisión de un parto natural la hizo porque considera que mejora el apego y tendrá una mejor recuperación. “El doctor me sugirió cesárea porque mi primer hijo nació así, pero yo no quise volver a pasar por lo mismo. Duele mucho la recuperación”, afirma.
A pesar de las largas horas de contracciones, dice que fue un mejor proceso. “Fue doloroso, sí, pero distinto. Duele para sentarse, pararse, levantar un pie, pero pude estar con mi hija. Logré tener el contacto de piel con mi bebé. Estuve de unos quince a veinte minutos cerca de ella”.
¿Disminución o regulación de cesáreas?
Cristhel Fagerstrom considera que una manera de disminuir las cifras de cesáreas es mejorando la salud general de la población, ya que en algunas ocasiones este tipo de intervención viene dado por las condiciones de salud de la madre. Por otro lado, estima que todos los partos deberían estar acompañados por una matrona. “En el servicio público los partos son atendidos por matronas, en el sistema privado no, y es ahí donde están las tasas más altas de cesárea. Entonces, algo está pasando en esos recintos”, indica.
Alejandra Becerra, considera que una alternativa para disminuir las cesáreas, es generar un sistema de turnos. De esta manera los profesionales de la salud podrían optimizar sus tiempos al momento de asistir a los partos, evitando así “malas prácticas que terminan en una cadena de intervenciones”.
Becerra agrega que es fundamental que exista una educación garantizada prenatal a través de programas educativos y políticas públicas, para promover la educación y potenciar la labor de las matronas como figura esencial. “No hay una medicina que prevenga en Chile, en general lo que se hace es actuar sobre el problema y la enfermedad, la educación prenatal para un parto fisiológico es vital”, enfatiza.
El aumento sostenido de las cesáreas en Chile, según las especialistas, refleja una problemática que no solo pasa por decisiones médicas, sino también por la falta de información y acompañamiento a las madres. Patricia y Fernanda, desde experiencias distintas, coinciden en que el parto natural ofrece una recuperación más llevadera y un apego inmediato con el recién nacido. Las matronas, en tanto, llaman a mirar el fenómeno como un problema de salud pública que requiere cambios estructurales: desde educación prenatal garantizada hasta una fiscalización real en el sistema privado.
*María José Fernández Valdés y María José Norambuena Salgado son alumnas de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción y realizaron este reportaje para el ramo de Métodos de Investigación Periodística.
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