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Sergio Omar hunde diariamente los pies entre las montañas de residuos del basural de Luján en busca de cartones, plásticos y metales, que luego vende en un intento por sobrevivir con una inflación que superará el 100% este año en Argentina.

Pese a lo penoso del trabajo, Omar tiene cada vez más competencia: la crisis económica del país, agravada por la coyuntura global, provocó un aumento de trabajadores pobres, que en muchos casos deben recurrir al trueque o al reciclaje de residuos para subsistir.

Si bien los argentinos están habituados hace décadas a una alta inflación, al duplicarse está generando este año fuertes desajustes en la economía y ya empujó a la pobreza a cerca del 40% de la población.

"Acá está viniendo el doble de gente porque hay mucha crisis. La cosas van aumentando y van aumentando y no se fijan en los trabajadores humildes, que somos nosotros y somos pobres. Estamos pasando el día a día", dijo Omar, padre de cinco hijos, que vive del material que le provee el basural en las afueras de Luján, a 65 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.

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Las repercusiones sociales

Como otros hombres y mujeres, Omar, de 41 años, trabaja unas 12 horas diarias separando botellas de plástico de papeles y metales que luego vende a una cooperativa y a un depósito cercano, por los que puede obtener entre 2.000 y 6.000 pesos por día (entre 13 y 40 dólares al tipo de cambio oficial, pero entre 6,5 y 20 dólares en los mercados paralelos usados por la mayoría de los argentinos).

"Es una locura esto (la inflación). Se nota acá, con la gente que viene a trabajar, que la inflación nos pega a todos", dijo Pablo López, de 26 años, quien colabora con un pequeño centro de reciclaje en desarrollo con el que se busca brindar a los trabajadores derechos como un servicio de salud y ropa adecuada.

Muchas mujeres también se acercan a la "quema", como llaman al basural, a buscar ropa utilizable y alimentos en buen estado, en una dura convivencia con ratas, perros y aves de rapiña, además del humo provocado por incendios espontáneos debido a los gases que emite la basura.

La carencia en todo su esplendor

Si bien la inflación se ha convertido en un problema global y superó por primera vez en décadas el 10% anual en muchos países por la pandemia de COVID-19 y la invasión rusa a Ucrania, el caso de Argentina es cualitativamente distinto.

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El viernes se conocerá el índice de inflación de septiembre, que analistas privados estiman rondará el 6,7%, en un país con un 36,5% de pobres y un 8,8% de indigentes, que no llegan a cubrir la canasta de alimentos y servicios básicos de unos 120.000 pesos (unos 797 dólares al cambio oficial).

En medio de la crisis, otra estrategia de los sectores más carenciados de la sociedad es el trueque, una práctica adoptada en el país productor de alimentos durante la grave crisis de 2001, que retornó con fuerza de la mano de pequeñas asociaciones que promueven los intercambios de bienes o servicios entre sus socios.

"Es un trabajo social, la gente viene muy desesperada, el sueldo no alcanza, las cosas que aumentan día a día", dijo Sandra Contreras, creadora del Club del Trueque de Luján, en la Sociedad de Fomento de San Cayetano, donde los asistentes comienzan a hacer fila dos horas antes de la apertura por la mañana.

"No hay plata, necesitamos llevar algo a casa, entonces sí o sí hay que hacer trueque", concluyó.

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