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Cristián Cid, cuidador de 48 años, es otra de las víctimas del ataque al Molino Grollmus en la comuna de Contulmo. Él desempeñaba labores de cuidador del predio, cuando sujetos desconocidos ligados a la Resistencia Mapuche Lavkenche (RML) llegaron armados a atacar el lugar. Producto de la violencia del atentado, resultó con heridas de perdigón en uno de sus ojos, causándole un compromiso de su visión.

"Tengo 19 esquirlas, en el pecho, en la clavícula y en la cabeza. Me dispararon cuatro o cinco veces, a tres metros de distancia", relató.

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Relató que fueron alrededor de una veintena de encapuchados armados los que llegaron hasta el predio y que les habrían indicado que estos ataques no iban a parar hasta que "suelten a Llaitul".

Trabajador de Molino Grollmus: "Me dispararon como a 4 metros"

"Cuando yo estoy en el segundo piso -de la casa a su cuidado- escucho disparos, disparos muy fuertes. Al bajar, veo que mi papá está tirado en el suelo y ahí empezó todo. Me apuntaron, me sacaron para afuera. Me dispararon como a 4 metros, porque mi intención siempre fue ir a ver a mi papá que estaba en el suelo tirado", detalló.

"Después sacaron a don Carlos -Grollmus-, lo llevaron para dentro donde estaban disparando don Cristián y don Helmut. Ahí empezó la balacera y a quemar las cosas. Quemaron la camioneta, después el jeep, después la parte del museo. Mientras hacían eso le pegaban a don Carlos. Lo usaron como escudo humano a don Carlos", agregó.

"El perrito de don Carlos, que estaba al lado mío, lo mataron porque el perrito desconoció a la persona con la escopeta. Lo mordió un poco más arriba de la pantorrilla, ellos le pegaron una patada y lo mataron ahí mismo. Después me dispararon a mí, porque no me detuve, yo lo único que quería era llegar donde mi papá", añadió en el crudo relato.

Cristián Cid afirmó que el grupo de sujetos llegó con toda prepotencia al lugar, sin intención de dialogar. comentó que luego de la huida de los antisociales, acudió hasta donde dejaron tendido a Carlos Grollmus para prestarle ayuda.

"Yo con un pedazo de ropa traté de pararle el sangrado en la pierna con un torniquete. Después llamé a Cristian para que le prestáramos ayuda. Desde el momento en que le disparaban ya don Carlos no contestaba, no hablaba, estaba muy débil. Lo usaban para afirmar el arma y hacer puntería. Le pegaban, don Carlos caía al suelo, lo paraban y le volvían a pegar", manifestó.

Este cuidador detalló que todos los sujetos portaban armamento, cascos, capucha y chalecos antibala, botas y quipo paramilitar.

"Son todos jóvenes. Había uno bajo, de contextura gruesa, el que fue a buscar a don Carlos. Otro alto, de 1 metro 80 -centímetros- delgado. Había uno, que es el que me atacó a mí, tiene ojos de color miel, un rubio que no es común de acá de la zona", arguyó.

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