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El miércoles 14 de julio será recordado como un nuevo hito en el proceso de descentralización de Chile, toda vez que asumen sus funciones los gobernadores regionales que han sido electos por la ciudadanía regional, dando paso entonces a un nuevo contexto, donde se continúa avanzando hacia un escenario donde las autoridades regionales han de ir respondiendo por su gestión frente a la ciudadanía regional, en virtud que son quienes les eligen.

Por cierto, tal como ha sido manifestado desde distintas esferas, el hito que celebramos de la asunción de los nuevos gobernadores regionales constituye sólo un paso más, toda vez que aún no puede darse cuenta de un proceso de descentralización pleno, que efectivamente vaya a propiciar íntegramente un desarrollo territorialmente más armónico y equilibrado en un país como Chile, con larga tradición centralista y marcada concentración territorial de los beneficios del desarrollo en las zonas centro y metropolitanas.

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Por una parte, aún se adolece de una transferencia de competencias más extendida desde el poder central hacia las regiones, lo que sin duda constituye un desafío para los nuevos Gobernadores Regionales en tanto que, mediante un trabajo asociativo y coordinado, puedan emprender un proceso de poner en común aquellas problemáticas que resulten compartidas respecto este traspaso limitado de competencias y representarlas frente a los poderes centrales, de manera tal de avanzar más decisiva y armónicamente en la materia.

Por otro lado, se ha constatado que se enfrentan presupuestos aún definidos de manera centralista, generando un nudo crítico para las nuevas autoridades regionales y por sobre todo para los planes de desarrollo e inversiones que se proponga implementar en las regiones.

En efecto, se adolece aún de presupuestos de inversión no plenamente decididos por las regiones, lo que se ve más problematizado aún cuando se constata que, tanto frente a las necesidades de inversión regional en muchos casos largamente postergadas, como también frente a proyectos ya en curso, que implican la necesidad de disponer de recursos que en la práctica ya se encuentran comprometidos, la disponibilidad presupuestaria se torna claramente disfuncional frente a la expectativa de emprender un proceso decidido de desarrollo territorialmente más acelerado, armónico y equilibrado en las regiones de Chile.

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En síntesis, es fundamental proporcionar recursos que sean acorde a la implementación efectiva de los planes de desarrollo de cada una de las regiones y abordar esta tarea con una perspectiva descentralizadora, donde el tema no se agota en destinar fondos para inversiones a ejecutarse en regiones, sino que además ello debe ir de la mano con el efectivo poder de decisión regional respecto de determinar el mejor destino y pertinencia de uso de esos recursos, en función de las necesidades más urgentes definidas en cada territorio y las especiales características que se requiera implementar en cada inversión, en función de respetar y fortalecer la diversidad territorial.

Todo lo expuesto implica entonces que, junto con celebrar como un hito de descentralización esta asunción de los nuevos gobernadores regionales, es necesario plantearse además la importancia de avanzar tanto en dotar de atribuciones más extendidas a las autoridades elegidas, como en contar con presupuestos de inversión decididos regionalmente, de manera tal que las regiones puedan ir convirtiéndose, de manera más acelerada, en protagonistas de la construcción de un país más descentralizado y territorialmente más desarrollado.

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