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Esta es una historia que la médico penquista Liliana Ortiz Moreira quiso contar en sus últimas horas de vida antes de entrar a sedación paliativa para morir sin dolor. A sus 47 años murió a consecuencia de un agresivo cáncer de mamas diagnosticado en 2019; tenía claro que el escenario era el peor, por ello puso en práctica lo aprendido en su formación en bioética y antes de partir del mundo terrenal dejó un mensaje al mundo político: legislar sobre una muerte digna.

Liliana murió a las 4:22 horas del pasado 19 de julio, en la tranquilidad de su hogar acompañada por su familia. Momentos antes, en un ventana de bienestar, incluso hubo karaoke, sin embargo los síntomas evidenciados en la umbra de su consciencia le llevaron a concretar su despedida a través de la sedación paliativa.

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En un video que subió a Youtube, minutos antes de iniciar un camino sin retorno explicó su decisión. “Aún estoy bien, pero hoy ya no comí, solo tuve diuresis gracias a los sueros que me pasaron, deposiciones no tengo hace tres días, todos los procesos básicos de un ser humano los tengo que hacer con asistencia, en ese contexto no se puede tener calidad de vida y espero que todos entiendan mi toma de decisión”, dijo.

No es eutanasia

Inmediatamente se viene a la cabeza el término de eutanasia, empero, clínicamente aún no hay acuerdos. Ella lo estudió y basada en los conceptos de la vida explicados por Humberto Maturana comprendió que lo que había decidido no era eso.

“La eutanasia busca la muerte del paciente, aunque sea para calmar el dolor, pero busca la muerte. En el caso de la sedación paliativa, de lo que hablamos en realidad es de la sedación de un paciente que está sufriendo, que está con una enfermedad en etapa terminal, cuyo pronóstico no se va a modificar por el uso o no de la sedación. Lo que busca es devolver la dignidad en el proceso de la muerte de una persona. Viví dignamente y quiero morir dignamente”, expresó.

Su marido aplicó los sedantes

Liliana Ortiz formó una familia con el médico anestesiólogo Gerardo Soto. Una vez diagnósticada de cáncer, asumió que haría todo lo posible por revertirlo a través de los tratamientos clásicos y también alternativos. No hubo efecto.

El doctor Soto asumió la voluntad de su esposa y él mismo concretó el proceso a través del suministro de sedantes con los que él trabaja a diario.

Liliana en el cuadro; Cristina, Gerardo y Javiera en el sillón.
Liliana en el cuadro; Cristina, Gerardo y Javiera en el sillón.

Dijo que “no es eutanasia, si bien hay problemas de definiciones y por lo tanto la discusión sigue abierta, pero la gran diferencia es que la sedación paliativa no busca como objetivo el fallecimiento o la muerte directa del paciente; a lo que apunta es a que el paciente no esté consciente de su sufrimiento. Es cuando tenemos consciencia de que estamos en el último tramo”.

Si bien no existe legislación precisa más que la de cuidados paliativos, la bioética lo tiene claro: “La decisión idealmente la debe tomar el paciente, por eso hay que enfrentar estos temas cuando el paciente tiene aceptación de la enfermedad y que esté cognitivamente intacto para aceptar o rechazar esta medida”, expuso.

Decisión familiar

Las hijas mayores de Liliana y Gerardo inevitablemente fueron parte del proceso. Su madre se encargó de explicarles paso a paso lo que iba a ocurrir y cuál sería su voluntad.

Cristina Soto, segunda hija de Liliana y Gerardo (22), dijo que “mi mamá siempre fue educadora de profesión y también de vocación dentro de la universidad y se especializó en el tema de la bioética y desde pequeñas fuimos formadas con la importancia que era respetar la decisión del paciente, por lo tanto siempre fuimos conscientes”.

En tanto, Javiera Soto, primera hija (24), explicó que “mi mamá siempre fue súper valiente y directa para contarnos todo, el mismo momento que nos contó que tenía cáncer se sentó súper tranquila a decirnos lo que iba a pasar, que iba a ser fuerte, duro, pero nos estaba preparando para lo que iba a pasar”.

Traspasar el mensaje a los legisladores

Liliana Ortiz quiso dejar el mensaje en sus últimos minutos de vida para que los legisladores quiten el tabú sobre la muerte y se regule la denominada muerte digna.

En su último video antes de sedarse y dormir para no volver expresó: “Tengo claro la diferencia entre la eutanasia y la sedación paliativa, no obstante sé que existen muchos colegas que no entienden esa diferencia y le privan a sus pacientes morir sin dolor, sin dignidad. Mediante este mensaje quiero insistir más en la necesidad de repensar con nuestros legisladores cuáles son las decisiones que en salud se pueden aplicar”.

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