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Como cada año, el Día de la Madre da a pie a conocer diversos relatos de mujeres de todo tipo. Y es que a lo largo y ancho de nuestro país, cada año surgen nuevas historias que ciudadanas anónimas escriben junto a sus hijos.

Johanna Martínez es una de ellas. A sus 40 años, se enteró  de que iba a ser madre de nuevo. Y no sólo eso. Iba a tener gemelos. Para felicidad suya, su familia, en la que ya había dos hijos, iba a expandirse.

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No obstante, el destino tenía preparado un intenso periplo para Johanna. Con 32 semanas de embarazo, este verano recibió un decisivo anuncio. Debía ser trasladada de urgencia a un centro asistencial. Sus gemelas compartían la misma placenta y el mismo saco amniótico.

Y si de por sí lo anterior ya es una condición poco común en embarazos de gemelos, el de Johanna presentaba una dificultad extra. Sus bebés tenían los cordones umbilicales enredados. Esto impedía el paso de los nutrientes necesarios y de oxígeno. 

De un momento a otro, la mujer recibió su traslado a la Clínica Biobío. Con la infraestructura necesaria, allí la esperaba el personal médico en compañía de un equipo neonatología. Todo estaba dispuesto para tratar a sus gemelas. quienes nacerían prematuras.

Rememorando esos días, Johanna comenta que, por el bien de sus pequeñas, procuró siempre mantener la calma. “Me sentí súper acogida y tranquila en todo el proceso. A pesar de la dificultad con la que venían mis hijas, me sentí segura de los profesionales que nos atendieron”, señala.

No obstante, la mujer reconoce que tuvo suerte de tratarse con los profesionales correctos. “Si mis hijas no hubiesen estado en sus manos (Clínica Biobío), no sé si hoy estarían conmigo”, reconoce.

Afortunadamente, Amanda y Emilia nacieron bien. Solo una de ellas presentó una leve dificultad respiratoria que requirió soporte de oxígeno. Pero, a los pocos días, ya se encontraba junto a su hermana, en una incubadora de la Unidad de Neonatología.

Una vez le dieron el alta, Johanna y su marido se turnaban para visitar a las pequeñas. Así fue hasta que, tras 36 días de estadía en la Unidad de Neonatología, las niñas pudieron conocer su hogar y, cómo no, a sus hermanos.

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