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Nos Acostumbramos

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Publicado por Sergio Fuentes

15/02/2020 09:13:12

- Albert Camus planteaba en su libro “el extranjero” que los seres humanos son una especie que se adapta, y se acostumbra a las circunstancias.

Bajo esa lógica cuando uno mira las calles de Concepción post 18 de octubre puede encontrar verdad en las palabras de Camus. Porque como ciudadanía nos acostumbramos a vivir en una ciudad sin semáforos, con grafitis, destrozos, una plaza sin asientos, y contundentes paredes de acero que fortifican bancos y negocios en el centro.

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Ciertamente hay algo poético en el estado de nuestra ciudad, algo real, algo crudo, que nos recuerda lo trascendental para nuestra historia reciente que fue este estallido social.

En cada consigna grabada en las paredes, o en cada edificación dañada, existe un fuerte recordatorio de la rabia social que ha generado nuestro Estado en los últimos 30 años.

Sin embargo, cuando ya han pasado casi 4 meses del estallido social, no solo nos hemos acostumbrados a vivir en este entorno; como la maleza que créese en el ambiente más adverso, sino claramente también, hemos visto la nula disposición de quienes deberían intentar arreglar ciertos elementos funcionales de la ciudad como los semáforos de muchas de las esquinas más conflictivas de Concepción.

Siguiendo con las palabras de Camus, hoy nos hemos acostumbrado a vivir en una ciudad sin semáforos en varios de sus puntos centrales, conviviendo con los efectos que esta situación trae.

Nos acostumbramos a pagarle 100 pesos al personaje vestido de monja que controla el tránsito en Paicavi con Carrera, y ciertamente no vemos ni un solo avance de parte de nuestras autoridades locales y regionales por mejorar esta situación. Solo parches, como unos signos pares en algunas calles o algunos funcionarios municipales dirigiendo el tránsito de vez en cuando. Pero eso no importa, porque la resiliencia humana de la que habla Camus brota de lo más profundo del espíritu humano, haciendo que la gente hoy se desenvuelva con relativa normalidad en una ciudad marcada a fuego por los efectos del estallido social.

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Sin embargo ¿Qué pasa cuando no son simples semáforos los que perturban el orden social? ¿Qué pasa cuando lo que nos afecta son problemas sociales abismantes? ¿Qué pasa si en vez de la ausencia de semáforos, hablamos de un país con ausencia de educación o salud? ¿Qué pasa cuando no son 4 meses los que tenemos que convivir con un deterioro social, sino son 30 años? ¿Nos acostumbramos también a eso? ¿Acaso somos capaces de acostúmbranos a vivir con la desigualdad y con la injusticia? ¿Acaso podemos vivir con la gente esforzándose para llegar a fin de mes al lado de nosotros? ¿Nos podemos acostumbrar a convivir con gente que están endeudadas por pagar sus gastos médicos?

Quizás Camus tiene razón, el ser humano se adapta, y al igual que el personaje principal de su libro que se adaptó a vivir en la cárcel, nosotros por 30 años nos acostumbramos a vivir en un Estado desigual, donde el 1% más rico concentra el 45% de todos los recursos del país, donde una familia debe pagar un sueldo mínimo si quiere que si hijo vaya a un buen colegio, y donde temen enfermarse, debido a que su escueto salario no les permite pagar las elevadas cuentas médicas.

Es por eso que esa nula intención de arreglar hoy los semáforos en Concepción, y dejar que la gente dependa de la buena fe de los que manejan o de la picardía de quienes controlan el tránsito para solucionar el problema vial, es ejemplificadora quizás de cómo ha sido nuestro Estado los últimos 30 años.

A final del día quizás ellos sabían mucho mejor que Camus que el ser humano se acostumbra y echa raíces aun en la tierra más infértil, y que independiente de las falencias de nuestras políticas públicas, y nuestra institucionalidad, las personas se acostumbrarían.

Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de www.sabes.cl El Diario Digital del Gran Concepción.

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