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Cerca de 20 mil personas repletaron la cancha La Esparraguera de Quillón para decir presente en la novena versión de la Guerra del Tomate, uno de los eventos más esperados por locales y turistas durante la temporada de verano.

Los más experimentados en las lides tomatinas llegaron preparados con escudos, cascos y hasta antiparras para mitigar los golpes del fruto típico del Valle del Sol. Por otra parte, los que asistieron por primera vez sólo hicieron gala de su valentía, entrando a la medialuna sin mayor protección. Aún así catalogaron la experiencia de inolvidable.

"Aprovechamos que estamos de vacaciones para venir a ver la guerra del tomate para ver cómo era y me atreví a entrar con mis nietos. Me dio mucho nervio estar adentro, porque pegaban fuerte los tomates, pero fue bueno", expresó Idilia Ortega, gladiadora de La Pintana.

Más de 100 toneladas de tomate se dispusieron en la medialuna La Esparraguera como armamento para los guerreros. Algunos más maduros que otros, nadie en los alrededores se libró de algún tomatazo o bien recibió el jugo de la fruta. Al mismo tiempo, dos camiones aljibes fueron los encargados de bajar la temperatura en el improvisado coliseo, con 20 mil litros de agua.

"Estamos muy contentos, porque los veraneantes han tomado esto como una fiesta suya y llegaron en masa a la medialuna. Fue una fiesta muy entretenida y relajante para quienes participaron. Y qué mejor que amenizada por Fabricio, Viví y Flaviana; quienes hicieron bailar a toda la gente. Fue un verdadero éxito esta Guerra del Tomate y esperamos se mantenga así en el tiempo", destacó Vladimir Peña, alcalde (s) de Quillón.

EL SOL DIO TREGUA

Los cielos nublados impidieron que el sol golpeara con fuerza a los combatientes. Agradables 25 grados se registraron durante la batalla campal, aunque al interior de la medialuna, la temperatura debe haber superado los 30 grados.

Como precalentamiento, los llamados "reyes del axé", Fabricio, Flaviana y Viví; hicieron bailar a los asistentes con los grandes éxitos de la danza brasileña de comienzos del 2000. "Ota otés", "La danza del vampiro", "Danza la manivela" y "Danza la máozinha"; fueron parte del repertorio de baile que presentaron los brasileños.

Un pequeño grifo sirvió para que los gladiadores se limpiaran el barro y el jugo de tomate. Luego del refresco y un pequeño descanso, los más valientes volvieron al campo de batalla para continuar "liberando el estrés".

"Esta es segunda vez que vengo y lo bueno de esto es que a pesar de no tener vacaciones, podemos venir un fin de semana y liberar todo el estrés del trabajo y la vida. Realmente, bastante bueno. La mayoría de los chicos que viene, lo hacen preparados con escudos y cascos, así que el próximo año también lo haré", comentó Miguel Carriel, quien llegó a Quillón desde Santiago, sólo para vivir la experiencia de recibir y dar tomatazos.

Desde Venezuela, Luis Carlos León aprovechó su actual residencia en Chile para conocer de cerca la Guerra del Tomate. "Nunca había visto algo así y cuando me dijeron de esto aproveché para venir. Es buenísima la experiencia. Al principio me dio mucha risa y casi no pude reaccionar, pero después empecé a lanzar tomates y me pareció buenísimo, como para repetirlo".

Sin duda, está actividad se ha transformado en tradición del Valle del Sol, sin tener que envidiar nada a sus versiones internacionales. Lo cierto es que año a año aumentan los valientes que se atreven a estar al menos unos breves minutos en el ruedo y vivir lo que es una verdadera Guerra del Tomate.

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