El cierre de Huachipato dejó al descubierto una de las principales debilidades del ecosistema de pequeñas y medianas empresas de la Región del Biobío. Muchas dependían casi exclusivamente de un solo cliente, una realidad que hoy impulsa un cambio de enfoque ante la llegada de nuevos proyectos industriales y la necesidad de contar con proveedores más preparados para responder a las exigencias del mercado.
En ese escenario, el jefe del Centro de Negocios de Concepción, Cristian Sepúlveda, sostuvo en Código Chile que el desafío ya no pasa únicamente por generar más emprendimientos, sino por fortalecer a las pymes existentes para que puedan transformarse en proveedores competitivos de las grandes compañías que operan o proyectan instalarse en la región.
La gran deuda de las PyMEs en la Región del Biobío
Sepúlveda explicó que las pequeñas y medianas empresas representan prácticamente la totalidad del tejido empresarial de la región, aunque su aporte económico sigue siendo muy inferior al de las grandes compañías.
“Somos más del 97, 98% de las empresas de la región. Sin embargo aportan no más allá del 10, 11% del PIB en comparación a una empresa grande. Entonces esa brecha de productividad, de acceso al mercado es súper presente en la región, aún siendo una región industrial“, explicó.
Añadió que, pese a generar una parte importante del empleo regional, muchas continúan operando con estructuras muy reducidas, donde una o dos personas concentran prácticamente todas las funciones del negocio. “Generan básicamente más del 60, 70% del empleo también, pero un empleo muy informal, con mucha deficiencia en cuanto a la normativa. Son empresas básicamente que se lideran por una persona o dos personas. El multifuncional básicamente que hace de marketing, de compra, de comercial, de administrativo“.
Además, indicó que la mayoría de las empresas regionales se concentran en servicios, comercio y manufactura, mientras que son pocas las que participan directamente en el sector industrial.
El cierre de Huachipato evidenció el riesgo de depender de un solo cliente
Uno de los principales aprendizajes que dejó la crisis de Huachipato fue la alta dependencia que tenían numerosos proveedores respecto de esa empresa, situación que afectó seriamente sus ingresos cuando cesó su actividad.
Sobre esa realidad, Sepúlveda señaló que muchas micro y pequeñas empresas mantenían casi toda su facturación ligada a la siderúrgica. “Gran parte de las micro y pequeñas empresas que estaban vinculadas a estas empresas tenían 80%, 90% de su facturación vinculadas a Huachipato“.
Precisamente por esa experiencia, explicó que junto a la CPC Biobío y otras instituciones regionales están impulsando una academia de encadenamiento productivo para preparar a las empresas y evitar que vuelvan a concentrar su negocio en un único cliente.
“Estamos desarrollando lo que es básicamente una academia de encadenamiento productivo. Porque precisamente nos estamos dando cuenta de que también es parte de responsabilidad de la industria (…) colocar criterios de básicamente no poner todos los huevos dentro de la misma canasta“, indicó Sepúlveda.
En esa línea, remarcó que la diversificación es uno de los principales desafíos pendientes para las pequeñas empresas. “La pyme también tiene que diversificar su mercado. Y eso es algo que le cuesta mucho“.
Profesionalizar la gestión será clave para aprovechar los nuevos proyectos industriales
Con iniciativas que buscan reactivar la actividad industrial en la región, además de otros proyectos de inversión, el especialista afirmó que las pymes deberán elevar sus estándares si quieren convertirse en proveedores permanentes de las grandes empresas.
En ese sentido, sostuvo que las pymes tienen que subir “el estándar, acompañarse de programas como los centros de negocio, para que precisamente ya pasen de una gestión muy artesanal, a una gestión más profesional del negocio“.
Asimismo, destacó la importancia de encuentros entre empresas y potenciales compradores, aunque advirtió que establecer el contacto es solo el primer paso. “Eventos como el Redes, tienen ese objetivo, ya de juntar a la pyme que tenga la oportunidad de conversar con el área de compra y presentar su oferta de productos y servicios. Pero no basta con eso, porque no es lo mismo venderle al consumidor final que venderle a una gran industria“.
Las principales barreras que enfrentan las PyMEs para vender a grandes empresas
Respecto de las exigencias que deben cumplir los proveedores, Sepúlveda explicó que la gran industria mantiene altos estándares de seguridad y calidad, aunque hoy existe mayor flexibilidad respecto de algunas certificaciones.
“La gran industria continúa básicamente exigiendo un estándar de trabajo pero la pyme no necesariamente se tiene que certificar pero sí contar con toda la documentación de que todos sus procesos cumplen un estándar de seguridad y de calidad“, indicó.
Junto con ello, indicó que otra dificultad importante está en los procesos de licitación, ya que muchas empresas desconocen cómo responder correctamente a los requerimientos técnicos que solicitan las grandes compañías.
Finalmente, afirmó que la planificación financiera también resulta determinante debido a que los plazos de pago son muy distintos a los del comercio tradicional.
“Las pymes no saben cómo licitar. Se entregan ciertos requisitos técnicos de los servicios, los productos que la gran industria requiere y por lo general ofrece algo que no va en línea con lo que se solicita. (…) Una gran empresa no te va a pagar como un consumidor final, en el sentido en cuanto a los tiempos. Probablemente van a ser a 30, 60 días. Y ahí es donde la pyme tiene que estar preparada y bien administrada financieramente.”
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