La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está transformando aceleradamente la manera en que las personas trabajan, estudian y se relacionan con la tecnología. Así lo planteó Felipe Baesler, académico de la Universidad San Sebastián, durante su participación en el programa Punto Estratégico de Sabes, en una conversación centrada en el impacto económico y social de la automatización y los llamados “trabajos del futuro”.
Baesler, ingeniero civil industrial de la Universidad del Bío-Bío y Doctor en Ingeniería Industrial de la University of Central Florida, explicó que la inteligencia artificial no es un fenómeno reciente, sino una tecnología que lleva años presente en la vida cotidiana, aunque hoy su expansión se ha masificado gracias a herramientas generativas como ChatGPT o Gemini.
“La mayoría de la gente asocia la inteligencia artificial a estos grandes modelos de lenguaje, pero esto existe desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, la autocorrección del celular ya es inteligencia artificial”, señaló.
Según explicó, la IA funciona mediante modelos computacionales capaces de aprender patrones y realizar predicciones, permitiendo automatizar tareas cognitivas que históricamente eran exclusivas del ser humano. Sin embargo, enfatizó que el escenario actual no debe entenderse como una amenaza absoluta para el empleo, sino como una nueva revolución tecnológica comparable a la Revolución Industrial.
Automatización y empleo: transformación más que reemplazo
Uno de los principales temas abordados fue el temor creciente frente a una eventual sustitución masiva de trabajadores por sistemas automatizados. Frente a ello, Baesler sostuvo que históricamente cada avance tecnológico ha eliminado ciertas tareas, pero también ha generado nuevas oportunidades laborales.
“Puede que se pierdan empleos por un lado, pero también se generan otros. La automatización aumenta la productividad y eso crea nuevas necesidades en logística, mantención, desarrollo tecnológico y gestión”, explicó.
A juicio del académico, la gran diferencia de esta revolución tecnológica es que la automatización ya no afecta solamente tareas manuales, sino también procesos cognitivos, lo que genera mayor inquietud en la población. “Ahora se están automatizando tareas que requerían pensar y que parecían exclusivas del ser humano. Eso produce temor, pero el desafío es adaptarse y aprender a trabajar en conjunto con la inteligencia artificial”, afirmó.
Pensamiento crítico y habilidades humanas
Aunque reconoció que será necesario fortalecer conocimientos tecnológicos, matemáticos y computacionales, Baesler enfatizó que las habilidades más difíciles de reemplazar seguirán siendo profundamente humanas.
“La capacidad de razonamiento crítico, analizar dilemas o tomar decisiones complejas son habilidades donde el ser humano todavía marca diferencias importantes frente a las máquinas”, indicó.
Además, destacó que actualmente existe una enorme disponibilidad de herramientas de aprendizaje online, muchas de ellas gratuitas, que facilitan la capacitación continua y la adaptación a los nuevos escenarios laborales. “Hoy cualquier persona puede aprender programación, inteligencia artificial o tecnología desde su casa. El desafío principal pasa por la autodisciplina y la capacidad de autoaprendizaje”, comentó.
Educación: el desafío no es prohibir la IA
Otro de los puntos centrales de la conversación fue el impacto de la inteligencia artificial en la educación. Frente al debate sobre el uso de herramientas como ChatGPT por parte de estudiantes, Baesler planteó que el foco no debe estar en restringir su utilización, sino en rediseñar las metodologías de enseñanza. “Para mí no tiene sentido prohibirla. El desafío del educador es cómo lograr que el estudiante aprenda usando esta tecnología y aun así desarrolle conocimiento”, sostuvo.
Comparó este fenómeno con la aparición de la calculadora, recordando que en su momento también existieron cuestionamientos sobre si afectaría el pensamiento matemático. “Nadie hoy discutiría el uso de una calculadora. Con la inteligencia artificial pasa algo parecido: tenemos que aprender a adaptarnos”, afirmó.
Chile frente a la revolución tecnológica
Respecto al escenario nacional, el académico reconoció que Chile enfrenta importantes desafíos en infraestructura, inversión y capital humano para avanzar al ritmo de las economías más desarrolladas. No obstante, destacó que el acceso a herramientas de IA se ha democratizado considerablemente.
“Usar inteligencia artificial hoy no tiene un costo prohibitivo. Muchas herramientas son gratuitas o relativamente accesibles”, explicó. Sin embargo, advirtió que desarrollar tecnología propia requiere inversiones multimillonarias y un alto nivel de especialización.
También sostuvo que las instituciones públicas y educacionales aún avanzan más lentamente en comparación con el sector privado, principalmente por la velocidad con que ha evolucionado esta tecnología.
“El principal desafío hoy es el recurso humano. Estamos en un proceso de transición donde muchas personas todavía se están adaptando”, señaló.
“El que no se suma quedará en desventaja”
Felipe Baesler fue enfático en señalar que la incorporación de inteligencia artificial en el trabajo y la vida diaria ya no es opcional. “La pregunta ya no es si me sumo o no a la inteligencia artificial. La pregunta es cuándo me sumo”, afirmó.
Según explicó, diversos estudios estiman que cerca del 50% de las tareas actuales podrían automatizarse parcialmente, generando aumentos significativos en productividad. “La inteligencia artificial puede aumentar enormemente la eficiencia. Quien no aprenda a trabajar con ella simplemente va a quedar en desventaja frente a quienes sí lo hagan”, concluyó.
Revisa aquí más noticias de la Región del Biobío. Síguenos en Facebook e Instagram para ver fotografías con datos de contingencia nacional y del Gran Concepción.