El Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), una de las afecciones hormonales más comunes en mujeres en edad reproductiva, tendrá oficialmente una nueva denominación. Desde ahora, la condición pasará a llamarse “Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino” (SOMP, o PMOS por sus siglas en inglés), con el objetivo de reflejar de manera más precisa su complejidad clínica y metabólica.
El cambio fue anunciado durante el European Congress of Endocrinology 2026. Lo anterior tras una investigación respaldada por 56 organizaciones científicas y clínicas, además de la participación de más de 14 mil personas diagnosticadas.
¿Por qué se cambió el nombre del SOP a SOMP?
El principal problema del antiguo concepto era que reducía el síndrome únicamente a los ovarios y a la presencia de “quistes”, algo que no ocurre en todos los casos.
Según el consenso científico, lo que suele observarse en ecografías son pequeños folículos inmaduros y no quistes patológicos. Esto provocó durante años diagnósticos erróneos o tardíos, especialmente en mujeres que sí presentaban síntomas hormonales y metabólicos, pero no alteraciones visibles en exámenes de imagen.
Además, el nombre antiguo omitía el verdadero impacto sistémico del síndrome, que involucra alteraciones hormonales, metabólicas y endocrinas mucho más amplias.
“El término SOP es impreciso, ya que implica quistes ováricos patológicos, ocultando diversas características endocrinas y metabólicas”, detallaron los autores del estudio.
Más allá de un problema ginecológico
Uno de los puntos centrales del nuevo enfoque es reconocer que esta condición no afecta únicamente a los ovarios.
Por años, el síndrome fue tratado principalmente desde la ginecología, concentrándose en síntomas reproductivos como menstruaciones irregulares o infertilidad. Sin embargo, la evidencia actual demuestra que el trastorno tiene una fuerte base endocrina y metabólica.
Investigadores explican que el síndrome está relacionado con alteraciones en la insulina, los andrógenos y otras hormonas neuroendocrinas.
Esto significa que puede provocar consecuencias en distintos sistemas del cuerpo, incluyendo:
- Resistencia a la insulina.
- Diabetes tipo 2.
- Obesidad y aumento de peso.
- Hipertensión arterial.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Hígado graso.
- Apnea del sueño.
- Ansiedad y depresión.
- Acné severo.
- Caída de cabello.
- Crecimiento excesivo de vello corporal.
La nueva denominación incorpora precisamente los conceptos metabólico y poliendocrino para reflejar ese impacto multisistémico.
¿Cómo identificar el síndrome?
El síndrome de ovario metabólico poliendocrino continúa siendo una de las enfermedades hormonales más subdiagnosticadas del mundo.
De acuerdo con los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, entre un 10% y 13% de las mujeres en edad reproductiva viven con esta condición, aunque hasta el 70% podría no saberlo.
Los síntomas pueden variar considerablemente entre pacientes, lo que históricamente dificulta su detección temprana.
Entre las señales más frecuentes se encuentran:
- Ciclos menstruales irregulares o ausencia de menstruación.
- Dificultad para quedar embarazada.
- Aumento de peso inexplicable.
- Acné persistente.
- Exceso de vello facial o corporal.
- Fatiga constante.
- Caída de cabello.
- Cambios metabólicos relacionados con la glucosa y la insulina.
Uno de los cambios más relevantes es que el diagnóstico ya no dependerá exclusivamente de la presencia de “quistes” en ecografías.
Esto permitiría facilitar diagnósticos más rápidos y accesibles mediante análisis hormonales y metabólicos, incluso antes de que aparezcan alteraciones visibles en los ovarios.
Los próximos pasos del SOMP
Expertos esperan que este reconocimiento amplíe el acceso a financiamiento científico y permita desarrollar nuevos tratamientos desde áreas como endocrinología, cardiología y metabolismo, y no únicamente desde la ginecología.
Por otra parte, la transición hacia el nuevo nombre será progresiva y podría extenderse hasta 2028.
Durante los próximos años, organismos internacionales trabajarán en la actualización de guías clínicas, libros de medicina, material educativo para pacientes y profesionales, registros de salud, etc.
Además, el nuevo término será incorporado gradualmente a la Clasificación Internacional de Enfermedades, utilizada globalmente para diagnósticos médicos.
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