El emprendimiento como motor de desarrollo local fue el eje central del tercer capítulo de “Punto Estratégico” de Sabes.cl, titulado “Emprendimiento en la economía actual”, donde participó Julián Perret García, subgerente de Comunidades en Centrales de Generación de Colbún S.A..
Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Concepción destacó el impacto de los programas de emprendimiento impulsados por Colbún, que en los últimos años han generado más de 150 empleos directos y han permitido que más de 400 emprendedores aumenten sus ventas. Un dato relevante es que cerca del 85% de los participantes corresponde a mujeres, reflejando el fuerte protagonismo femenino en la economía local.
Energía transformadora
“Hace quince años entendimos que la energía más transformadora no proviene solo de los recursos naturales, sino también de las personas”, señaló Perret, al explicar el origen de los Centros de Emprendimiento Colbún (CEC), una iniciativa que desde 2010 busca impulsar el desarrollo económico y la movilidad social en comunidades cercanas a sus operaciones.
El programa nació en un contexto de expansión de la compañía, pero también de importantes brechas territoriales. En comunas como Coronel, Santa Bárbara y Quilaco, el diagnóstico era claro: escasez de empleo, limitadas oportunidades de desarrollo y baja inserción laboral directa en la industria energética, debido a su alto nivel de especialización técnica.
Frente a este escenario, Colbún optó por una estrategia innovadora para la época: promover el emprendimiento como una herramienta concreta de desarrollo económico, generación de ingresos y fortalecimiento de la autoconfianza de las comunidades. Así, en septiembre de 2010 se inauguró el primer Centro de Emprendimiento en Coronel, en un espacio físico abierto a la comunidad, con salas de capacitación, asesorías y acompañamiento permanente.
Dos años más tarde, en 2012, se sumó el Centro de Emprendimiento Angostura, ampliando el alcance territorial del programa y consolidando un modelo basado en tres pilares: formación, acompañamiento y vinculación con el entorno productivo.
Formación, acompañamiento y creación de comunidad
Con el paso del tiempo, los Centros de Emprendimiento han evolucionado hacia un enfoque integral que no solo entrega herramientas técnicas —como gestión de negocios, formalización o marketing—, sino que también promueve habilidades blandas, redes de contacto y apoyo entre pares.
Uno de los aspectos más destacados por Perret es la generación de comunidad entre los emprendedores. “No es solo capacitación individual; es compartir experiencias, desafíos y aprendizajes. Muchas veces, quienes partieron antes terminan convirtiéndose en mentores de nuevas generaciones”, explicó.
Este modelo ha permitido que antiguos beneficiarios, tras consolidar sus negocios, regresen como formadores o guías, generando un círculo virtuoso de aprendizaje colaborativo. A ello se suman programas colectivos, especialmente en sectores como el turismo y la gastronomía, donde se fomenta la asociatividad y el desarrollo de cadenas de valor locales.
El perfil de los participantes también ha evolucionado. Si bien predominan mujeres —muchas de ellas buscando compatibilizar el trabajo con responsabilidades familiares—, también ha aumentado el nivel de escolaridad y la diversificación de rubros, abarcando desde servicios y comercio hasta iniciativas más innovadoras vinculadas a plataformas digitales.
Turismo, alianzas y expansión del modelo
El impacto del programa es especialmente visible en territorios como el entorno del embalse Angostura, donde el desarrollo turístico ha experimentado un crecimiento significativo. Según cifras compartidas por el ejecutivo, el número de emprendimientos formales en la zona pasó de cerca de 20 a alrededor de 200 en la última década.
Durante la temporada estival, el sector recibe cerca de 130 mil visitantes, una cifra considerable si se compara con la población de comunas como Santa Bárbara y Quilaco. Este flujo genera un impacto económico estimado en torno a los 2 mil millones de pesos en apenas tres meses, beneficiando directamente a los emprendedores locales.
Parte de este desarrollo responde a una planificación que combinó infraestructura —como playas, miradores y espacios públicos— con la formación de capital humano. “La oportunidad existía, pero eran los emprendedores quienes debían transformarla en productos y servicios concretos”, sostuvo Perret.
En paralelo, Colbún ha fortalecido alianzas con universidades, centros de formación técnica y organismos públicos, consolidando un ecosistema colaborativo. Instituciones como la Universidad de Concepción, la Universidad Técnica Federico Santa María y la Universidad del Desarrollo, entre otras, han participado en talleres, capacitaciones y programas conjuntos.
Actualmente, la compañía avanza en la expansión de este modelo hacia otras zonas del país. Un ejemplo es la reciente apertura de un nuevo centro de emprendimiento en Taltal, iniciativa que busca replicar el impacto logrado en el Biobío, adaptándose a las particularidades productivas y sociales de cada territorio.
“Más allá de la infraestructura o los recursos, lo que realmente mueve estos procesos son las personas y su capacidad de salir adelante”, concluyó Perret, reafirmando que el emprendimiento seguirá siendo un eje clave para el desarrollo sostenible y la construcción de comunidades más resilientes.
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