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Ser mamá con trastorno bipolar: “El embarazo era un temor y un deseo muy grande”

Por | 2026-05-10T09:11:58

“Esta es tu realidad y la vas a tener toda la vida”. Nicole Salvatierra recibió su diagnóstico de trastorno bipolar hace 10 años, tras oscilar entre periodos de mucha energía y depresiones severas. Tuvo que aceptar varias veces que “es una enfermedad crónica y recursiva”, que sobrelleva con tratamiento, psicoeducación y una valiosa red de apoyo. Es algo que va y vuelve. En su caso, el tipo II hace que las descompensaciones siempre vuelvan -usualmente en episodios de menor intensidad-. Por lo que cumplir su sueño de ser madre se veía lejano. En pandemia se sintió preparada y lo decidió, abriendo otro desafío: dejar los medicamentos durante el embarazo para evitar algunos riesgos asociados. Acudió a la comunidad de Fundación SomosTAB y a su Instagram @sentirbipolar, cada madre tenía su propia experiencia. Planificó, hizo cambios y llevó adelante un proceso de casi 40 semanas que cuenta en su libro “El antes y el después de tu llegada”. Hace 14 meses nació su primera hija.

Se estima que un 3% de la población chilena vive con un tipo de trastorno afectivo bipolar (TAB), alrededor de 500 mil personas, con una prevalencia mayor en mujeres, señaló la presidenta de Fundación Círculo Polar, Flavia Gal a ADN. Sin profesionales con formación en bipolaridad, los pacientes pueden pasar hasta una década para obtener un diagnóstico correcto. Según Sochitab, los padres o madres que la portan tienen un 10% de probabilidad de ‘heredarlo’ a sus hijos. Aunque no siempre se desarrolla, dependiendo mucho del entorno, indicó Gal. En Salvatierra apareció en un momento de mucho movimiento, donde atravesó desde la psicosis hasta las ganas de morir.

En el Día de la Madre, SABES conversó con la periodista y docente Nicole Salvatierra León para conocer los 10 años en los que ha creado una realidad que no solo le permite ser madre, también le permite vivir.

Expertas por experiencia

2014, Nicole trabajaba en un diario y estaba viviendo una separación. Llevaba un ritmo de vida acelerado y la reacción al quiebre no parecía acorde. Estaba “muy vibrante y dije ‘bueno, será parte de sentirse mujer libre’. Pero había como una exacerbación: más alcohol, más fiesta, más energía sexual. Y después de ese periodo de como dos meses… una depresión total, un pesimismo muy grande. Era despertarme y pensar ‘me quiero morir’. Sentía que me estrangulaba, perdí el norte, dejé de ir a trabajar y finalmente terminé por renunciar”, explicó. Es muy cansador.

Fueron las primeras señales de que algo no iba bien. Vivió así hasta que colapsó y fue al psiquiatra, que demoró casi un año en darle el veredicto. Así llegó al litio, uno de los principales estabilizadores de ánimo para el TAB que actúa sobre el sistema nervioso central para controlar esos episodios de manía o depresión. Estos afectan las funciones cognitivas, los deseos de vivir, el optimismo por tener estabilidad. “Te tienes que medicar para no acentuar estos episodios que te pueden poner en riesgo“, aceptó. El tratamiento farmacológico con litio se usa hace 70 años. Recientemente se le ha asociado a la reducción del riesgo suicida.

El acceso a terapia con psicólogo y psiquiatra también fue esencial. Al igual que la psicoeducación, recursos informativos y herramientas para sobrellevar esta enfermedad crónica. Para Flavia Gal, quien tiene un hijo bipolar, estos permiten “entender y lidiar mejor con ese trastorno. Sí, es un trastorno recurrente, pero el paciente, con educación y la familia, puede estar muchos años estable. El conocimiento es poder de estabilidad, de recuperar una vida que muchas veces se pierde con ese diagnóstico”.

Y el entorno también juega un papel importante, “puede dar las condiciones óptimas para que (la persona) recupere la vida. Uno no se recupera del trastorno bipolar, pero sí lo puede manejar muy bien”, precisó la experta por experiencia. Salvatierra cree lo mismo, tener personas alrededor que puedan “apoyar, ayudar, entender”.

El paso hacia la maternidad

Las ganas de ser mamá de Nicole no siempre estuvieron ahí. “Hubo años en los que simplemente no podía sostener la idea de ser mamá porque estaba muy descompensada. Lo de ser madre no me era posible, no me imaginaba ser una mamá descompensada ¿Y cómo iba a criar? Era angustiante pensarlo siquiera”, dijo a este medio.

Pero en pandemia pasó todo un día con una de sus sobrinas, “la hice reír y pensé ‘yo quiero que alguien se ría todos los días así por mí“. Se lo propuso a su pareja, hoy el padre de su hija, y comenzó una planificación de años: cambió al trabajo part time, dejó el alcohol y descontinuó gradualmente los medicamentos. Algunas madres lo hacen por completo, otras solo durante el primer trimestre. Es una decisión “riesgo y beneficio”, fue el consejo que le dieron los médicos a Salvatierra.

Es un área gris. Si bien existen estudios que defienden el uso de medicamentos durante el embarazo, “no son concluyentes”, indicó Nicole. El litio se asocia a cardiopatías en el bebé, pero retirarlo implica descompensaciones en la madre que pueden perjudicar el desarrollo fetal. “Entonces siempre te van a decir que es mejor que estés tranquila, medicada y vivas bien tu embarazo“, agregó.

Su embarazo tiene dos versiones. Una muy soñada, “fue tan deseado que para mí, que creciera la bebita adentro, conectar a través de diferentes técnicas con el útero, lo viví muy a conciencia”. Sin embargo, abandonar el litio le provocó un episodio mixto. De inmediato volvió el insomnio activo, un gran pródromo de la bipolaridad. No podía dormir porque tenía mucha energía, así que vivía cansada, a pesar de la energía que tenía. Tuvo que retomar otro medicamento que usaba.

El motto de su relato se repite, “hice cambios para crear esta realidad en la que podía ser mamá. Planifiqué lo que pude planificar”. 39 semanas y media después, comenzó el trabajo de parto.

“Tengo que cuidarme para estar con mi bebé”

Hace 14 meses nació Gabi, a quien Nicole pasea en coche mientras cuenta su llegada, “el embarazo era un temor y un deseo muy grande“. “Aunque me encantó embarazarme, estaba súper agotada porque llegué casi a las 40 semanas”, y sufrió recaídas antes y después del parto de 14 horas. Reconoce que hay una falta de psicoeducación sobre bipolaridad en el personal médico, “mee atendieron bien, pero se nota que falta”, señaló.

Desde que finalizaron esos (más de) nueve meses, continúa desarrollando esa habilidad para crear una realidad estable para ella y su hija. “Hay mucha vulnerabilidad emocional por el posparto y ya teniendo un trastorno anímico esas chances de caer son mucho más difíciles. Lo que tengo presente es que tengo que cuidarme para estar con mi bebé. He llorado muchas veces y después digo ‘estoy respirando, estoy con aquí, estoy con apoyo’. Me siento privilegiada dentro de todo”. Y su resolución es esperanzadora: “yo merezco vivir”.

Hay posibilidades de ‘heredar’ el trastorno bipolar. Si se diera el caso, Salvatierra propone cuestionarse “¿cómo te gustaría que tu mamá hubiese sido contigo? Uno tiene que estar ahí, no soltar la mano. No vivo con tanto temor de eso, si viviera con ese temor no disfrutaría haber sido mamá. O mi vida”. La historia contada en 17 capítulos está en este link.

Nicole con Gabi durante la promoción de su libro en bibliotecas comunales. Foto: Cedida.

Nicole Salvatierra León es periodista, docente y trabaja en comunicaciones internas, estrategia y consultoría. Fue diagnosticada hace 10 años con trastorno bipo tipo II, sobre el que comparte reflexiones en su Instagram @sentirbipolar y en SomosTAB. En 2023 lanzó el libro “Maternidad con un diagnóstico de trastorno bipolar: El antes y después de tu llegada”.

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