En dos años, el consumo de cocaína aumentó un 1000% en la región del Biobío, mientras que el de ketamina incrementó en un 700%, indicó un estudio realizado por Centinela Biobío sobre las aguas residuales de las 33 comunas entre el 2022 y el 2024. Una transformación en el mercado de drogas que podría tener impactos ambientales en los ecosistemas acuáticos al llegar al río.
Así lo descubrió la investigación liderada por la Dra. Andressa Reis, codirectora del proyecto financiado por el Gobierno Regional, que hoy continúa las pesquisas de Epidemiología de Aguas Residuales en Drogas. En el estudio -el primero del país en el área-, “fue muy claro el patrón de consumo de tres drogas principales: cocaína, cannabis y ketamina“, indicó a SABES.
El monitoreo a las plantas de tratamiento de aguas servidas también reveló una disminución del 90% en el uso de marihuana. “Puede ser que menos personas están consumiendo o que las mismas personas están consumiendo pero en cantidad más baja”, explicó la experta. Lo más sorprendente fue la aparición de la ketamina, “el consumo de esa nueva sustancia está siendo hecho de forma consistente semanalmente en la población“, agregó.
Estos datos pueden complementar el trabajo del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda). “Permite que detectemos ese cambio en tiempo real“, apoyando la toma de decisiones para crear “estrategias de prevención y control más focalizadas y oportunas“, proyectó la académica.
Posibles impactos ambientales del hallazgo de drogas en el río Biobío
Si bien ya finalizó el proyecto ejecutado dentro de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (USCS), con colaboración de Biodiversa, Reis continúa investigando en el laboratorio Corthorn Health. Como coautora del paper “Computational risk assessment, occurrence and seasonality of illicit drugs in the aquatic biota of the Biobío Region, Chile“, indagó en el potencial impacto ambiental en la biota acuática del Río Biobío debido a la presencia de cocaína y cannabis.
Si las plantas de tratamiento de aguas residuales no tienen cómo filtrar estos elementos, acaban en la corriente. A través de un modelo computacional, reconoció que ambas drogas se presentan en “niveles que sí pueden afectar a los organismos más sensibles, (que) cumplen funciones fundamentales en los ecosistemas, como el equilibrio de las cadenas tróficas y la calidad de agua“.
Siguiendo la cadena de alimentación, se puede generar una acumulación de contaminantes, “y llegar a un nivel, por ejemplo, de peces. Los peces son consumidos por los seres humanos y los seres humanos van a estar consumiendo esos tipos de contaminantes”, señaló Reis.
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