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“Campo Mar era el sacrificio de los abuelos”: familia perdió su hogar y fuente de trabajo tras incendios en Penco

Por | 2026-01-27T15:19:53

A más de una semana de los incendios forestales que arrasaron con miles de viviendas en la provincia del Biobío, los testimonios siguen emergiendo desde los sectores más golpeados y, muchas veces, más invisibilizados. En una zona rural de la comuna de Penco, camino a Primer Agua, una familia perdió su hogar, su trabajo y más de 20 años de historia levantada con esfuerzo, manos curtidas y recetas heredadas.

El restaurante Campo Mar, ubicado en el kilómetro 4.8 del sector, fue completamente consumido por las llamas. El fuego no solo arrasó con el local reconocido por su costillar y comida casera, sino también con la vivienda donde convivían abuelos y nietos. Tres generaciones que trabajaban y vivían en el mismo espacio vieron cómo, en cuestión de minutos, el incendio redujo su vida entera a cenizas. De todo lo que fue el emprendimiento, quedaron en pie solo dos hornos de barro, silenciosos testigos de más de dos décadas de sacrificio familiar.

Incendios en Penco arrasaron con Campo Mar

Zulema Montañares tiene 77 años y fue, junto a su esposo Isaías Ponce, que levantó primero la casa y luego el restaurante. Hoy, al recorrer lo que quedó de su hogar, el dolor se mezcla con incredulidad. “Cuando voy a recuperar todo lo que tenía, no, ni que hayan ayudas, ni que trabaje, no, que tenía ya hecho mi, mis losas, todo lo que se ocupa acá”, relató.

El incendio también arrasó con los animales que criaban en el recinto. Tenían aves, gansos y hasta pavos reales. Tras el paso del fuego, solo “Quedaron dos gansitos que andan por ahí dando vueltas”, contó Zulema, con una mezcla de pena y resignación.

La noticia de la destrucción total llegó luego de evacuar, cuando su nieto e hijo llegaron al restaurante para constatar su estado. “Cuando llegaron allá y me dijeron que está todo quemado, no la podía creer porque es de buen material, como para haberse quemado esto (…) pienso en mis lozas, en los vasos para los banquetes que tenía, y en un vaso bonito para los postres”, recordó la adulta mayor.

Tres generaciones de la familia trabajaban en el restaurante

Campo Mar era un proyecto familiar donde todos tenían un rol. Así lo explica Mario Ponce, nieto de Zulema, de 32 años. “La dinámica es súper familiar, ya que nosotros como muy chiquititos acompañábamos a nuestros abuelos a trabajar a la Vega Monumental cuando ellos trabajaban en los mariscos, y después cuando ellos se hicieron su restaurante nosotros le apoyábamos en todo, mis primos, garzones, yo animador (…) todos teníamos un rol particular en la familia”.

Mis primas garzonas, mi tía cocinera, mi abuela hacía el pan, mi tata pelaba las papas, entonces al final todos trabajábamos”, agregó Ponce.

La madrugada después del incendio

El día del incendio, fue Mario y su padre quienes constantemente intentaban ingresar al lugar para asegurar que sus abuelos habían evacuado. “Cuando veníamos subiendo, no nos dejaron pasar hasta que nosotros los vimos ya que por fin evacuaron, y mi abuelo lo único que rescató fue una motobomba y una máquina para cortar pasto y lo demás, ya ustedes pueden ver que ahí no quedó nada”, relató.

Horas más tarde, al volver “Aproximadamente 5 y media de la mañana, llegamos acá y cuando vimos un árbol que tiene mi abuela con luces de navidad, dijimos, se salvó la casa, entramos y llegamos acá y era como una bomba, porque estaba todo destruido”, recordó el nieto de Zulema.

El golpe fue tanto emocional como también laboral. “Era la construcción y el sacrificio de los abuelos, que nosotros los veíamos levantarse, mi tata puso escafandra, pescador, entonces luego saltó acá, y fue como hoy el esfuerzo de tantos años, consumido en menos de una hora (…) Se pierde el hogar, y a la vez la fuente de trabajo, porque mi tía quedó sin trabajo, mis primos quedaron sin trabajo, yo quedé sin trabajo, y ya tenemos que empezar a buscar por otro lado”, agregó.

La familia levantó una cocina improvisada

Pese a todo, la historia de Campo Mar no se detuvo. Al día siguiente de la catástrofe, la familia levantó una cocina improvisada a un costado del terreno, utilizando varas y postes enterrados en la tierra. Allí, con su delantal puesto, Zulema volvió a hacer lo que sabe y ama. Durante el domingo pasado, atendió a más de 20 personas que llegaron a acompañarlos.

“Yo lo único que quiero es que si tenemos ánimo hay que tirar parrilla nomás, pellizcar por donde sea. Yo estoy loca por trabajar, empezar a hacer humita y tortillas de rescoldo, porque me aburro, y estoy acostumbrada”, afirmó la abuela.

Mario confirmó que “Ella no se queda quieta, o sea, ella ya quiere hacer tortillas de rescoldo y mandarnos a vender a nosotros, y nosotros vamos a vender donde sea (…) ella podría estar descansando, pero está ahí cocinando y haciendo muchas cosas”.

Incluso sin las condiciones de antes, Zulema sigue recibiendo a quienes llegan. “Yo le digo a mamá Zulema, ya no tiene las condiciones para atenderlo como antes, pero ella le sigue atendiendo, le hace, ayer le tenía pescado frito, de todo, sigue cocinando”, contó su nieto.

La visión a futuro

En un sector rural donde la ayuda no llega en masa, la familia se sostiene en su unión y en la convicción de que volverán a levantarse. “Lo importante de todo es que uno está sano, que salvamos la vida, que es lo más importante, y así como uno se cae, también se tiene que volver a levantar, la vida se trata de eso”, concluye Mario.

Entre cenizas, hornos de barro y una cocina armada a pulso, la historia de Campo Mar sigue viva. Porque el fuego arrasó con todo, menos con las ganas de seguir adelante.

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