Los incendios forestales que azotaron a la Región del Biobío dejaron un saldo devastador, con pérdidas humanas y materiales en distintos puntos del territorio. Uno de los sectores más golpeados fue la zona rural de El Pino, donde numerosas viviendas fueron alcanzadas por las llamas. Sin embargo, en medio del desastre, una historia logró abrirse paso entre el fuego.
Juan Carrasco, adulto mayor de 71 años y vecino del sector desde hace más de cuatro décadas, consiguió salvar su casa pese a que el fuego llegó a rodear completamente su hogar.
Al recordar esos momentos, Juan explica que el fuego “Rodeaba por todos los lados. Pero gracias a Dios pudimos lograr salvarla”, señaló. La hazaña no fue producto del azar, sino del esfuerzo desesperado por contener el avance del fuego con los pocos recursos que tenía a mano.
En ese contexto, detalló cómo logró enfrentar el incendio. “Tenía unos tambores con agua y con eso fue y apagué todos los fuegos prendidos que llegaban a la casa. Y si no fuera por eso se habría quemado todo (…) El fuego que se prendía aquí, que caía de las chispas y brazas, se apagaban a tiros, y no se podía seguir, no se seguía el fuego. Si no, no habría quedado ni una casa”, contó.
Mientras habla, Juan apunta hacia los alrededores de su vivienda, hoy convertidos en un paisaje gris y calcinado. “Pero bueno, ya no se prendió gracias a Dios, porque usted ve para allá que quedó todo quemado”, comentó, evidenciando la magnitud del daño en el predio que lo rodea, ahora cubierto de cenizas.
El vecino asegura que una emergencia de esta magnitud jamás se había registrado en el sector. “Aquí nunca se incendiaba, nunca se había quemado nada. Siempre pasaba el fuego por el lado. Pero ahora no, ahora fue muy duro”, afirmó.
Pese al riesgo, Juan tomó la decisión de no abandonar su hogar, consciente de que hacerlo significaba perderlo todo. “Resulta que como dejaba, no podía salir de aquí porque se quemaba todo. Quedaba sin casa”, relató.
A la complejidad de la emergencia se sumó su delicado estado de salud. Juan es diabético y depende de insulina, condición que se agravó con el corte del suministro eléctrico en la zona. “Quedé harto mal porque resulta que ahora me estaba viendo y tenía 436 de azúcar, porque soy diabético y soy pendiente de insulina. Y ahora no hay luz, no hay nada, entonces yo no sé si esa insulina que hay es tan buena o tan mala”, expresó con preocupación.
Tras vivir horas de angustia y enfrentar el avance del fuego, Juan Carrasco resume su experiencia con gratitud. A pesar del miedo y las pérdidas en su entorno, destaca que “no se haya prendido la casa”, un testimonio poco común en medio de la catástrofe que golpeó a El Pino y a gran parte de la provincia del Biobío.
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