“María Corina Machado, ha hecho todo lo posible para asistir a la ceremonia de hoy. Un viaje en una situación de extremo peligro”, declaró mediante un comunicado la organización del Premio Nobel, afirmando que “aunque no podrá asistir a la ceremonia ni a los eventos de hoy, nos complace profundamente confirmar que se encuentra bien y que estará con nosotros en Oslo.”
Fue su hija, Ana Corina Sosa, quien recibió el Nobel de la Paz en nombre de la líder opositora venezolana. Antes de leer el discurso, confirmó que “con toda la alegría de mi corazón, puedo decirles que en tan solo unas horas podremos abrazarla aquí en Oslo, después de 16 meses viviendo en la clandestinidad, escondida”.
La aparición pública de María Corina Machado despierta una gran expectativa: Machado reaparecería públicamente por primera vez en 11 meses. La líder opositora encabezó su último acto el 9 de enero en Caracas, cuando protestó contra el tercer mandato de Nicolás Maduro.
Un lugar en la historia: Los ausentes del Nobel de la Paz
La ausencia de Machado la inscribe en la histórica tradición de la “silla vacía”, reservada para quienes sufren el bloqueo directo de regímenes autoritarios. El gobierno nazi impidió el viaje del periodista Carl von Ossietzky en 1935, un precedente que repitieron la URSS con Andrei Sakharov (1975) y China con Liu Xiaobo (2010). En años recientes, las autoridades de Bielorrusia e Irán también bloquearon a los activistas Ales Bialiatski (2022) y Narges Mohammadi (2023) debido a su encarcelamiento.
Otros galardonados faltaron por temor al exilio o crisis políticas. Lech Wałęsa (1983) envió a su esposa por miedo a que el régimen polaco le prohibiera el regreso, mientras que la birmana Aung San Suu Kyi (1991) permanecía bajo arresto domiciliario. Por motivos de seguridad o agenda, líderes mundiales como Henry Kissinger (1973), Anwar el-Sadat (1978) y Mijaíl Gorbachov (1990) también delegaron la recepción del premio en representantes.
Finalmente, los registros marcan un único caso de rechazo total. El diplomático norvietnamita Le Duc Tho (1973) declinó el galardón argumentando que la paz “no se había establecido realmente” en Vietnam. Este gesto lo convierte en la única persona en la historia que ha rechazado voluntariamente el Premio Nobel de la Paz.
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