Un enfermero alemán de cuidados paliativos fue condenado a cadena perpetua tras comprobarse que mató a 10 pacientes y trató de asesinar a otros 27, todo con un el objetivo de reducir su carga de trabajo en el hospital.
El hombre, de 40 años, administraba a sus víctimas dosis letales de morfina y otros sedantes mientras atendía el turno nocturno en el hospital de Würselen, donde ejercía desde 2020. Los crímenes ocurrieron entre diciembre de 2023 y mayo de 2024 y salieron a la luz tras una serie de muertes sospechosas entre adultos mayores.
Durante el juicio, la Fiscalía describió al acusado como un profesional sin empatía, incapaz de tolerar el esfuerzo que implicaba cuidar a pacientes con altos requerimientos médicos. Su conducta fue catalogada por el tribunal de Aachen como de “extrema gravedad”, lo que en la legislación alemana prácticamente anula cualquier opción de libertad anticipada.
Las autoridades judiciales detallaron que el hombre actuaba en solitario y elegía a los pacientes más delicados, a quienes inyectaba sedantes potentes para provocar la muerte sin dejar rastros inmediatos. El método, según los peritos, era calculado y respondía a un patrón de fatiga laboral convertido en desprecio por la vida humana.
Los fiscales señalaron además que el acusado mostró irritación constante con quienes requerían mayor atención, llegando a adoptar una actitud de “dueño de la vida y la muerte”. El tribunal sostuvo que el enfermero ya llevaba un año encarcelado y que su comportamiento durante las audiencias evidenció la falta total de remordimiento.
Las investigaciones no terminan aquí. Los equipos forenses y judiciales han ordenado exhumaciones de antiguos pacientes vinculados a su trayectoria profesional, ante la sospecha de que podría haber más víctimas.
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