Indagan muerte de adolescente de 15 años por un disparo en su cabeza en Concepción
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Indagan muerte de adolescente de 15 años por un disparo en su cabeza en Concepción


Por Cristian Ascencio | 05 Abril 2025 10:10
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Durante siglos museos y coleccionistas de todo el mundo adquirieron osamentas y piezas arqueológicas de comunidades indígenas mediante compras, intercambios o derechamente el saqueo de tumbas. En Rapa Nui, por ejemplo, se extrajeron cráneos de ancestros, mientras que en Atacama se desenterraron osamentas para estudiarlas y exponerlas. Hoy las comunidades piden la repatriación de estos cuerpos.

La Comisión del Pacífico fue una expedición científica que entre los años 1862 y 1866 recopiló unos 80 mil objetos de Latinoamérica para trasladarlos a museos de España. Entre lo que se llevaron se cuentan 37 cuerpos humanos y sus respectivos ajuares funerarios, que extrajeron desde un cementerio del pueblo de Chiu Chiu, a 35 kilómetros al este de Calama. Para quienes participaban de la expedición, eran momias de interés arqueológico. En el libro “Breve descripción de los viajes hechos en América” del doctor Manuel de Almagro, miembro de esta expedición, este escribe en tercera persona: “Practicó (Almagro) allí (Chiu Chiu) muchas excavaciones, de las cuales tuvo el placer de sacar numerosas momias, que con mucho trabajo han podido ser conducidas a Madrid”.  Pero para los habitantes de Chiu Chiu se trataba de sus abuelos, cuyos huesos fueron robados. 

El objetivo principal es que vuelvan a su tierra”, manifiesta Robinson Galleguillos, dirigente de la comunidad de Chiu Chiu. “Para nosotros fue un huaqueo (robo de tumbas). Se los llevaron junto a los utensilios con que eran enterrados, por eso decimos que sólo se escudaban en la ciencia, pero en realidad fue robo”, agrega. 

La de Almagro sólo fue una de las muchas que extrajeron restos humanos y arqueológicos en Atacama. ¿Dónde están actualmente todos los cuerpos sacados desde Chiu Chiu? “Hay en el museo de Osorno. También en la Universidad de Chile y en el museo de San Pedro de Atacama. Además hemos ubicado en Estados Unidos, en Suecia, pero la mayoría de los que están en el extranjero se encuentran en España”, dice Galleguillos. 

Cuatro de las momias desenterradas en Chiu Chiu por la Comisión del Pacífico, están en el Museo Nacional de Antropología de Madrid, España. Una es de una mujer, quien fue enterrada con un niño en sus brazos. Las otras están a cargo del Museo de Antropología Médica Reverte Coma, perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid.

La Comisión del Pacífico a fines del siglo XIX se llevó 37 cuerpos de Chiu Chiu con destino a España.

El catastro de los restos humanos

La arqueóloga y académica de la Universidad de Chile Patricia Ayala, lleva trabajando más de una década con las comunidades atacameñas. “Ellos tienen una serie de creencias y costumbres asociadas a lo que nosotros llamábamos sitios arqueológicos. Para ellos son lugares de los abuelos. Se cree que los abuelos son entidades que tienen una incidencia en el territorio. En muchas ocasiones se dice que los problemas actuales del pueblo tienen que ver con cómo se ha afectado a estos sitios”, explica. Ayala añade que, en el caso de las momias de Atacama, no se trata de osamentas que fueron sometidas a técnicas para preservarlas. Se momificaron naturalmente por la sequedad y salinidad del terreno.

La arqueóloga en conjunto a otros colegas y la comunidad, ha logrado identificar nueve museos en Chile y 12 en el extranjero que tienen restos licanantay (atacameños). La mayoría extraídos desde las mismas tumbas entre fines del siglo XIX hasta mediados del XX. Algunos de los museos extranjeros son: el Nacional del Indígena Americano de Estados Unidos, el Etnográfico de Oslo (Noruega), el Nacional de las Culturas del Mundo de Suecia, el Rothenbaum de Alemania, el de Prehistoria de Mónaco y el Etnográfico de Buenos Aires (Argentina).

A estos se suman las cuatro momias del Museo de Antropología de Madrid, cuya historia además ejemplifica otra de las preocupaciones de los pueblos indígenas reclamantes: el dudoso estado de conservación. 

Hasta los años 70 las cuatro fueron exhibidas al público, pero cuando se retiraron de las vitrinas se les perdió el rastro. Eso hasta que en la década pasada la antropóloga Patricia Alonso, conservadora de la colección de las Américas del mencionado museo, las encontró en una bodega. La momia de la mujer con su hijo en brazos, estaba en un armario.

Una de las osamentas de Chiu Chiu que se encuentran actualmente en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

“Hemos estado hablando con la doctora Alonso y a partir de su trabajo y de su sensibilidad con el tema, se logró una carta de compromiso para el tratamiento respetuoso de los cuerpos”, explica Patricia Ayala.

A su vez, el director del museo, Fernando Sáez, afirmó en una entrevista con el diario La Vanguardia, en 2023, que se está incluyendo el parecer de los pueblos a los que pertenecen estos restos, en el tratamiento de las osamentas. “Muchos de los restos humanos pertenecen a antepasados de otros pueblos o culturas o grupos étnicos para los que no sería aceptable que se saquen de sus tumbas, de la Madre Tierra, la pachamama. Y debemos respetar su voluntad. No hemos organizado procesos de devolución porque requiere procesos jurídicos y diplomáticos, pero hemos querido escucharles. Hace tiempo que las momias de Atacama ya no las exponíamos. Si sus legítimos herederos no están de acuerdo, está en contra de sus valores, no queríamos perseverar en no escucharles”, sostuvo.

El gran saqueo de Rapa Nui

Una de las piezas principales que exhibe con orgullo el Museo Británico de Londres es el moai Hoa haka nana’ia. En español su nombre significa rompedor de olas, aunque actualmente es nombrado como “el amigo robado” por los rapanui. Esta escultura de dos metros y medio de alto, fue sacada desde un centro ceremonial de Rapa Nui en 1868. El moai fue subido a un barco inglés y llevado de “regalo” a la reina Victoria. Para los isleños representa un símbolo de los robos que han sufrido desde la llegada de los primeros europeos.  

Leonardo Pakarati es un documentalista rapanui que en la década pasada filmó un documental sobre la historia del moai y de otras miles de piezas -incluidos restos humanos-  que se encuentran en museos de todo el mundo. Sobre “el amigo robado” y la posición del Museo Británico, dice: “Ellos definitivamente no van a devolver el moai”. El Británico actualmente informa en la misma exhibición, que ha sostenido conversaciones con una delegación de la isla para analizar el futuro de la escultura. Pero Pakarati es escéptico: “Para ellos es un súper mal negocio regresar piezas, porque después el resto del mundo también se lo va a pedir. El Museo Británico tiene cosas de todas las partes del planeta”.

Pakarati sostiene que, aunque el saqueo arqueológico es una herida abierta, lo más doloroso es el robo de los huesos de sus antepasados. “Uno podría entender que algún objeto tallado pueda considerarse arte desde la visión occidental, pero los restos humanos son restos humanos. Nadie tiene derecho a escamotear los restos de ancestros de otro pueblo, para llevarlos a otros lugares y guardarlos en bodegas. Es absurdo”.

En cuanto a procesos de reclamación y recuperación, Rapa Nui es una de las comunidades que más éxitos ha tenido. En 2018 se retornaron a la isla, dos cráneos, gracias a la labor del Programa de Repatriación Rapa Nui Ka Haka Hoki Mai Te Mana Tupuna (Devolvamos el legado de nuestros ancestros). Estaban en un museo de Nueva Zelanda.

En enero del año pasado el museo Flaminio Ruiz, vinculado al colegio San Pedro Nolasco de Vitacura, también informó que iniciaría un proceso de restitución de osamentas a la isla. Estas habían sido usadas en clases. Y en noviembre el museo Kon Tiki de Noruega devolvió 11 cajas con osamentas. Fueron extraídas hace 70 años por el explorador y antropólogo noruego Thorn Heyerdahl.

En cambio, sobre la acogida de las instituciones chilenas, las comunidades son más bien críticas. El Ministerio de Bienes Nacionales, por ejemplo, anunció en 2018 que se realizaría un catastro de moais y piezas arqueológicas extraídos desde la isla. Hasta el día de hoy no se conocen los resultados de este estudio. Se le consultó al ministerio para este reportaje, pero no hubo respuesta. También se le preguntó al Consejo de Monumentos Nacionales sobre si tiene catastros o procesos de repatriación en curso, pero tampoco hubo respuesta. 

El museo Flaminio Ruiz de Vitacura anunció en 2024 la devolución de osamentas a Rapa Nui (fuente de la imagen: @mercedarioschile).

 El retorno de los ancestros

En el norte chileno también hay comunidades que han logrado repatriaciones. En Chiu Chiu, el mismo pueblo de donde se extrajeron las momias que hoy están en España, recuperaron en 2007 a uno de sus antepasados. Este había sido sacado por un coleccionista estadounidense en 1919. La momia estaba en posesión del Museo Nacional del Indio Americano en Washington. Esa institución fue una de las pioneras en procesos de devolución de restos humanos a sus lugares de origen. La comunidad decidió reenterrar el cuerpo. 

También ha habido procesos de reclamación contra museos chilenos, sobre todo en cuanto a la exposición de cuerpos. Por ejemplo, en San Pedro de Atacama el museo Gustavo Le Paige retiró los que tenía en exposición después de las objeciones presentadas por la comunidad.

Justamente la figura del sacerdote Le Paige, que realizó numerosos estudios para conocer la historia de los pueblos originarios de Atacama, pero que también exhumó cientos de momias incluso pagándole a niños para que lo llevaran a los cementerios, es polémica. 

Carlos Aguilar, dirigente licanantay y uno de los promotores del retorno de los huesos de los antepasados a sus comunidades, sostiene que el trabajo de Le Paige generó “una división entre quienes eran cercanos al cura y quienes lo criticaban por las excavaciones”.

Aguilar añade que “la respuesta que hemos recibido de parte de los museos y los organismos chilenos que tienen cuerpos, ha sido más bien lenta. En un principio no había ánimo de colaborar o entregar información”. 

Paradójicamente, según Aguilar con Europa han tenido mejor acogida. “Pero la legislación no permite una devolución integral e inmediata directamente a los pueblos, sino que está como intermediario el Estado (...) esperamos que haya avances en la legislación”.

La antropóloga Patricia Ayala explica que “en el contexto nacional estos procesos son más recientes y las instituciones tienen pocos recursos. Todavía estamos en una etapa en la cual a los profesionales de los museos la palabra repatriación (entedida como el regreso de los cuerpos a sus lugares de origen), les asusta. Creen que todas las colecciones se van a perder o que no va a haber trabajo en los museos”.

En el museo Le Paige de San Pedro de Atacama hasta principios del siglo XXI se exhibían momias. Por las presiones de las comunidades, se sacaron de las vitrinas (imagen obtenida del artículo: Fetiches kongo, momias atacameñas y soberanía colonial, de Jorge Pavez Ojeda).

Un tema mundial

Patricia Ayala explica que a nivel mundial la exposición de cuerpos es un tema que cada vez se discute y analiza más en la antropología y la arqueología. Que hay una tendencia a sacar restos humanos de pueblos originarios desde las exhibiciones si es que hay oposición de las comunidades, y que tanto desde Europa como desde Estados Unidos se han realizado varias devoluciones. “Allá se están generando instituciones y tienen protocolos. Si les pide información, contestan rápido”, explica.

La doctora Núria Armentano es antropóloga del Museo Arqueológico de Cataluña y en noviembre organizó un seminario sobre la ética en el trabajo con restos osteoarqueológicos. Según la también académica de la Universidad Autónoma de Barcelona, es necesario investigar el origen de los restos humanos para establecer si fueron adquiridos a través del saqueo.

Entre los casos sobre los cuales abrieron una reflexión, está el del cuerpo momificado de una niña española que murió a los dos años por una hidrocefalia. “Ese cuerpo fue regalado por un médico a otro médico. No nos parece ético que un cuerpo se regale”, explica. Por lo mismo, se decidió sepultar esos restos en un cementerio. Y actualmente están analizando qué se hará con dos cuerpos adquiridos por el museo en los años 70, de dos vietnamitas. En ese caso se está trabajando en trazar su origen con más detalle.

En febrero de este año el Ministerio de Cultura español  comunicó que los museos dependientes de esa entidad ya no podrán exhibir restos humanos. Armentano dice que la medida tampoco es la más acertada, sino que se debe analizar caso a caso. “El contexto actual parece que está ampliando las perspectivas sobre el trato y la significación de los restos osteoarqueológicos o antropológicos. A mi entender, es necesario un enfoque que integre esta diversidad de miradas que tiene nuestra sociedad actual, pero que permita y considere el avance científico sobre ellos, garantizando un trato siempre respetuoso”, sostiene.

Hombre de cobre

Cuando lo encontraron, había estado 1.500 años bajo las rocas. Su cuerpo se momificó y el mineral se hizo parte de él, dándole un tono verdoso. Se trata del "hombre de cobre", encontrado en 1899 en Chuquicamata. El minero, que murió por un derrumbe, puede ser originario del sur del Perú. Después que lo encontraron, su cuerpo fue parte de una disputa legal entre el dueño de la mina y el arrendatario. Fue vendido y exhibido en Santiago y Valparaíso, hasta que una sociedad comercial (Torres y Tornero) lo adquirió y llevó a Estados Unidos. Su idea era ganar dinero exponiéndolo.

Eran los tiempos del auge de la egiptología y las misteriosas momias causaban curiosidad. Por lo mismo, había gente dispuesta a pagar por verlas. Pero los socios chilenos terminaron endeudados y el cuerpo fue embargado. En 1905 llegó a manos del multimillonario J.P Morgan que la donó al Museo de Historia Natural de Nueva York. 

En 2023 Codelco y la Municipalidad de Calama anunciaron el inicio de un proceso de reclamación. El Consejo de Monumentos Nacionales explicó que el museo estadounidense está dispuesto a la devolución del cuerpo, pero que se necesita un espacio adecuado para su conservación. Por lo mismo, hay un proyecto de 79 mil dólares para habilitar con este propósito un espacio en el segundo piso del Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama, en Calama. 

El dirigente licanantay Carlos Aguilar sostiene que las comunidades indígenas no fueron incluidas en el proceso. “Hemos hecho las consultas, hemos requerido la información directamente a quienes están gestionando esto, pero hasta ahora no hemos tenido respuesta. Este cuerpo no debe ser un trofeo”.

En 1899 en Chuquicamata se encontraron los restos del "Hombre de Cobre". Fue un minero que murió en un derrumbe hace 1.500 años. Hoy sus restos están en un museo de Nueva York.

Selknam sepultado en Alemania

El 11 de octubre de 2024 fue enterrado en un cementerio de Lübeck, Alemania, el cráneo de un selknam. Hasta ese momento la osamenta se encontraba en un museo de esa ciudad. El cráneo fue devuelto a la comunidad Covadonga Ona, la cual decidió sepultarlo temporalmente en esas tierras. A 14 mil kilómetros de distancia de Tierra del Fuego. 

La osamenta fue llevada en 1914 por un inmigrante alemán, quien se la regaló al museo.  ¿Por qué no retornó a Tierra del Fuego? según dijo una representante de la comunidad Covadonga Ona a El Mostrador, al llegar a Chile corría peligro de ser requisada por el Estado. Desde Cancillería negaron en esa ocasión que hubieran puesto alguna traba al retorno y sostuvieron que “mantiene su plena disposición para dar curso al mismo, tal como lo ha hecho en otros casos, dando estricto cumplimiento al procedimiento que exige la Ley que crea el Consejo de Monumentos Nacionales y que rige estas materias”. 

Sobre todos estos casos, el dirigente licanantay Carlos Aguilar considera que “lo central es que la dignidad de los pueblos estén presentes en las decisiones sobre si los cuerpos regresan a o no a la tierra. Y que los ancestros retornen en forma digna a su lugar de origen”.

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