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Miles de seguidores y algunos funcionarios salieron el sábado a las calles a respaldar a la vicepresidenta argentina, Cristina Kirchner, días después de que dos fiscales pidieran una pena de 12 años de cárcel e inhabilitación para ocupar cargos públicos por supuesta corrupción en la obra pública durante su gobierno.

La exmandataria está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita y de defraudar al Estado por su condición de funcionaria pública durante sus dos mandatos como presidenta entre 2007 y 2015.

La principal manifestación se llevó adelante en los alrededores de la casa de la vicepresidenta en el coqueto barrio de Recoleta, donde en la madrugada el gobierno de la ciudad de Buenos Aires había montado vallas para evitar que sus seguidores se instalen allí y dificulten la circulación en la zona.

Por la tarde, los manifestantes, que aseguran que Kirchner es víctima de una persecución judicial, derribaron las vallas y se enfrentaron con la policía. Camiones hidrantes intentaron dispersar los disturbios.

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Según medios locales, cinco policías resultaron heridos y cuatro manifestantes fueron detenidos.

"Hoy amanecí con la esquina de mi casa literalmente sitiada (…) Quieren prohibir las manifestaciones de amor y de apoyo absolutamente pacíficas y alegres, que tienen lugar ante la ya inocultable persecución del partido judicial", dijo Kirchner en un tuit, que el presidente Alberto Fernández republicó en su cuenta de Twitter, en señal de apoyo.

La vicepresidenta es la líder del ala más dura de la coalición peronista de centroizquierda que gobierna Argentina desde fines de 2019.

La sentencia en la causa de corrupción en la obra pública se conocerá en meses, aunque Fernández podría apelarla en tribunales superiores, lo que demoraría años el veredicto final.

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