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Los ucranianos conmemoran este miércoles el 31º aniversario de su liberación de la Unión Soviética, en lo que seguramente será un día de desafío a la guerra de seis meses de Rusia para someter de nuevo al país.

El Día de la Independencia de Ucrania se celebra exactamente seis meses después de la invasión rusa del 24 de febrero. La jornada estará marcada por celebraciones discretas bajo la amenaza de ataques por tierra, aire y mar.

Las reuniones públicas están prohibidas en la capital, Kiev, y hay toque de queda en la ciudad oriental de Járkov, en primera línea de fuego, que ha soportado varios meses de bombardeos.

En el centro de Kiev, el Gobierno colocó los restos de tanques y vehículos blindados rusos quemados como trofeos de guerra, en una muestra de desafío.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió a última hora del martes de la posibilidad de "repugnantes provocaciones rusas".

"Estamos luchando contra la más terrible amenaza para nuestro Estado y también en un momento en el que hemos alcanzado el mayor nivel de unidad nacional", dijo Zelenski en un discurso nocturno.

Los militares ucranianos instaron a la población a tomarse en serio las advertencias de ataques aéreos.

En esa línea, el Estado Mayor informó que "los ocupantes rusos siguen llevando a cabo ataques aéreos y con misiles contra objetivos civiles en el territorio de Ucrania. No ignoren las señales de ataque aéreo".

Zelenski dijo el martes a los representantes de unos 60 Estados y organizaciones internacionales que asistían a una cumbre virtual sobre Crimea que Ucrania expulsaría a las fuerzas rusas de la península por cualquier medio necesario, sin consultar previamente a otros países.

La guerra ha matado a miles de civiles, ha obligado a más de un tercio de los 41 millones de ucranianos a abandonar sus hogares, ha dejado ciudades en ruinas y ha sacudido los mercados mundiales. La guerra está prácticamente paralizada y no hay perspectivas inmediatas de conversaciones de paz.

Además de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014, el ejército ruso ha ampliado su control a zonas del sur, incluidas las costas del mar Negro y del mar de Azov, y a trozos de la región oriental del Dombás, que comprende las provincias de Luhansk y Donetsk.

Las fuerzas armadas ucranianas han declarado que casi 9.000 militares han muerto en la guerra. Por su parte, Rusia no ha hecho públicas sus pérdidas, pero los servicios de inteligencia estadounidenses estiman en 15.000 los muertos.

Ucrania se liberó de la Unión Soviética en agosto de 1991 tras un golpe de Estado fallido en Moscú y una abrumadora mayoría de ucranianos votó en un referéndum para declarar la independencia.

Preocupación por la central nuclear

El jefe del Organismo Internacional de la Energía Atómica, Rafael Grossi, declaró que el organismo de control nuclear de la ONU espera poder acceder a la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por Rusia, en el sur de Ucrania, en los próximos días.

Ambas partes se han acusado mutuamente de disparar misiles y artillería peligrosamente cerca de la central, la mayor de Europa, lo que hace temer una catástrofe nuclear.

"Continúo consultando muy activa e intensamente con todas las partes", dijo Grossi en un comunicado el martes. "Se espera que la misión tenga lugar en los próximos días si las negociaciones en curso tienen éxito".

Las fuerzas pro-Moscú tomaron el control de la planta poco después de que comenzara la invasión, pero sigue siendo operada por técnicos ucranianos. Las Naciones Unidas han pedido que se desmilitarice la zona.

El martes, Rusia acusó a Ucrania de atacar la planta con artillería, munición guiada y un dron, lo que provocó un desmentido del embajador ucraniano ante la ONU, Sergi Kislitsia.

"Nadie que sea mínimamente consciente puede imaginar que Ucrania atacaría una central nuclear con tremendo riesgo de catástrofe nuclear y en su propio territorio", dijo Kislitsia en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York convocada por Rusia.

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