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La Casa Cano, emblemática construcción de la localidad de Rere, en la comuna de Yumbel, se convirtió en el primer patrimonio recuperado en el Biobío tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. 

Producto del terremoto y su antigüedad, la estructura de adobe estaba en pésimas condiciones. Actualmente, es un importante centro cultural de la región y Legado Bicentenario del Estado de Chile. 

La corporación Aldea Rural, que había adquirido terrenos en Rere para crear una escuela agrícola y otorgar posibilidades de educación técnica en el pueblo, vio la posibilidad de dar nueva vida a la casona. Por lo que remodelaron su estructura, con la finalidad de transformarla en un museo. De esa manera, comenzaba el capítulo más reciente en la larga historia de esta vivienda, el primer patrimonio recuperado en Biobío tras el 27/F.

Según el libro “Museo Casa Cano. Por el rescate de la historia y el patrimonio de Rere” de Hansel Silva”, el matrimonio constituido por José Manuel Cano y Catalina Betancur adquirió el inmueble en 1856. No hay claridad respecto a si ellos ejecutaron la construcción o simplemente la compraron. Hay versiones que indican que fue parte de un convento antes de eso.

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El matrimonio tuvo cinco hijos y es recordado en el pueblo de Rere por ser el iniciador del proyecto y construcción del campanario de la localidad. Este fue inaugurado en 1923, y cobija a las campanas de oro. Estas se nombraron así porque según la tradición oral, fueron fundidas con joyas de oro y plata cedidas por la comunidad. Las campanas fueron declaradas Monumentos Nacional en 2012, dentro del denominado “Conjunto Jesuita de Rere”. 

Ninguno de los hijos del matrimonio tuvo descendencia y la última heredera de la vivienda. Antes de morir, vendió la propiedad a Luis Jara Salazar, cuyos hijos no se dedicaron al cuidado de la construcción. Durante medio siglo, la casa se ocupó como escuela para niñas de zonas rurales, fiestas comunitarias y, finalmente, como establo.

La sucesión Jara no tenía planeado demoler la estructura luego del 27/F, pero tampoco contaba con recursos para su restauración. Ante esto, se le entregó en comodato a la corporación por 25 años, con el compromiso de transformar el inmueble en museo y centro cultural.

A través del proyecto se reparó el techo, se demolieron 250 metros cuadrados que eran insalvables, se aplomaron muros, se reparó el adobe, se cambiaron cielos y pisos.

Además, se arreglaron puertas y ventanas, y se renovó la instalación eléctrica, todo con recursos del Fondo de Reconstrucción Patrimonial. En 2012, la casa ya estaba restaurada y el Estado la nombró Legado Bicentenario de Chile.

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