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En el día a día de este 2022 nos encontramos en presencia de un proceso de profundos cambios y transformaciones de como entendemos nuestra realidad, como definimos las ideas y conceptos y las nuevas estructuras que nos regularán de aquí en adelante como sociedad local y la relación con lo global.

Este constante movimiento de capas que estamos sometidos, se caracteriza en esencia por una constante tensión, al igual que al tirar una cuerda. Por un lado tenemos a los actores que promueven el cambio, enarbolando banderas muy identificadas por una nueva forma de entender el hombre y el entorno bajo nuevos preceptos sociales, culturales y económicos. Por el otro lado de la cuerda, tenemos un grupo que, desde distintas trincheras, defienden el status quo, los resultados concretos y lo que ha generado estabilidad en el pasado.

Desde el punto de vista de análisis contextual, desde la historicidad de éstos actores, podemos predecir que desde el 4 de julio al 4 de septiembre renacerá y emergerá bajo nuevas telas, un viejo pero imperecedero actor, la "Fronda Aristócratica". En el ensayo, Alberto Edwards Vives interpreta la historia política chilena del siglo XIX como una permanente pugna entre el Estado frente a una aristocracia que busca evitar el fortalecimiento de un Estado central capaz de amagar sus intereses. Vale decir y destacar que esta obra tiene casi 100 años -fue escrita en 1928- lo que da validez al análisis sociocultural de la sociedad chilena.

En el “debate” actual de las partes, vemos el renacer de este grupo, ya no desde las trincheras que describe Edwards Vives en los albores del siglo pasado, sino más bien en un sentido social de “vanguardia”, de elite no solo económica sino que también social y política. Veremos a estos nuevos miembros y defensores de la “Fronda” vestidas de liberales hacia socialdemócratas, republicana, respetuosa de la institucionalidad, vestidas con respetadas sedas amarillas, pero no es más que una neorepresentación de la vieja y pantanosa fronda aristocrática.

Vivimos en un momento histórico en donde, en el marco de cambios y continuidades, emergen actores del pasado a converger en el presente la presión sociocultural para el futuro, intentando controlar la agenda de desarrollo, de lo ético y lo moral. La invitación es a parar, pensar y actuar, no permitir que discursos grandilocuentes y pomposos de los sofistas del presente invadan el ejercicio de la razón pura, para que las decisiones sean desde el presente para el futuro y no desde un pasado cargado con una mochila demasiada pesada para lo que queremos como futuro.

La historia no se repite, pero rima.

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