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Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten.
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Los doscientos años de existencia del Senado no fueron razón suficiente para contener al Pleno de la Convención Constituyente de tomar una decisión profundamente estructural del Poder Legislativo.

Así como tampoco lo fueron los aportes científicos de diversos académicos que participaron en instancias formales de la Convención Constituyente y, por cierto, en la generación de una abundante opinión pública, cuyo factor común fue advertir la relevancia de proponer un sistema político coherente que ponga freno a políticos con afanes autoritarios.

Si bien, no conocemos aún las atribuciones de la institución que reemplazaría al Senado, cuyo nombre es Cámara de las Regiones, es posible señalar que la Convención Constituyente ha sido pragmática respecto de canalizar en la Cámara Alta el problema de la desafección política.

Los argumentos esgrimidos apuntan a la burocratización, es decir, la lentitud de las respuestas por parte de la política a las demandas ciudadanas, con trámites legislativos innecesarios que contribuirían a una supuesta pereza parlamentaria. Además, se ha señalado que el Senado actúa como una cámara elitista que defiende solo los intereses de un grupo determinado. Lo que iría en detrimento de las demandas ciudadanas a las que se les ha puesto freno de mano por parte de la Cámara Alta.

Otros problemas identificados son los gastos en que incurre el Estado para mantener al Senado, para algunos, un ítem innecesario que presiona las arcas fiscales.

En resumen, tres argumentos que aluden a una sensación de falta de eficiencia, eficacia y de incidencia política. Una percepción que hasta ahora solo se ha podido enmarcar en una subjetividad.

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En primer lugar ante la crítica de la burocratización, ésta no es necesariamente perversa. De hecho nuestro sistema de producción legislativa que se caracteriza por el trabajo en comisiones, ha logrado disminuir los conflictos, contribuyendo a la generación de leyes de contenidos con coautorías equilibradas entre el Ejecutivo y el legislativo. Toro y Hurtado (2016) constataron que, de las indicaciones a los proyectos de ley aprobadas por las comisiones, un 47,64% correspondió a indicaciones de parlamentarios y 52,35% a indicaciones del Ejecutivo. Lo anterior es una muestra clara del anhelado contra peso entre ambos poderes.

En cuanto al tiempo, la cámara de origen tarda más en su discusión respecto de la cámara revisora, que principalmente en nuestro país la realiza el Senado.

En segundo lugar, cuando hablamos de una cámara elitista,  la cámara baja no queda exenta de esa crítica. Es más, la clase política predominante en nuestro país ha caído en una profunda crisis demostrada no solo en la elección de convencionales constituyentes sino también dando paso por primera vez desde el retorno de la democracia a un presidente que pertenece a una coalición distinta de las predominantes durante las últimas décadas. Partidos políticos nuevos que ingresaron al Congreso en parte, gracias a la ley que sustituye el sistema electoral binominal por uno de carácter proporcional inclusivo que fortaleció la representatividad del Congreso y que la ingresó el Senado en el año 2015.

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Por último,  la creación de instituciones nuevas también implican un costo que no sabemos si será menor o mayor al que tenemos hoy en cuanto a remuneraciones de los y las honorables y en general al mantenimiento de estás instituciones por parte del Estado.

Utilizar el argumento de la desafección política para eliminar una institución no nos asegura que esa desafección sea erradicada. Por el contrario, puede ser acrecentada debido al debate confrontacional que esa decisión promueve y a una falsa ilusión de limpieza que no es más que una excesiva innovación institucional, que también gastará recursos y que tendrá un alto costo social de adaptación.

Además de las altas posibilidades de no cumplirse la bonanza política de este nuevo sistema único en el mundo ya que no existen experiencias previas de presidencialismos con bicameralismo asimétrico. Las consecuencias pueden ser aún mas graves cuando nos veamos enfrentados a presidentes autoritarios que saquen provecho de la ausencia de equilibrios republicanos y controles mutuos.

La experiencia comparada muestra que, especialmente en los presidencialismos, los senados son muy importantes en mantener los equilibrios institucionales y la propuesta constitucional podría haber comenzado reconociendo está ventaja.

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