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Las algas son un tesoro en el fondo del mar. Son verduras marinas, con tantos nutrientes concentrados que en cantidades mínimas aportan grandes beneficios para la salud de las personas.

Además, poseen un valor incalculable para el ecosistema marítimo. Sin embargo, los problemas en su cadena de recolección son mayores que los conocimientos que la sociedad tiene sobre estas especies marinas.

En este contexto, los recolectores y recolectoras de orilla en la Región del Biobío fueron los protagonistas en el primer conversatorio desarrollado por el proyecto Nutrimar-Biobío. Instancia en las que se abordaron las problemáticas, oportunidades y desafíos que se ven enfrentados para realizar su labor en el Biobío.

Con la moderación del investigador del Centro de Biotecnología de la UdeC y director de Nutrimar-Biobío, eldoctor Cristian Agurto, se generó el espacio para convocar y escuchar las distintas voces de quienes trabajan y conviven con algas como el cochayuyo, luche, ulte y chicoria de mar.

Problemáticas

La falta de espacios para secar las algas es una de las problemáticas que acusa la dirigente alguera de Caleta Tumbes, Clarisa Teca, pues se han visto desplazados por el comercio y propiedades privadas. Este importante proceso se realiza mediante extensiones en redes expuestas al sol, durante los meses de diciembre a mayo. Sin embargo, la falta de espacio en la caleta e incluso la afluencia de turistas limita este proceso. Lo cual también afecta a familias que se sustentan económicamente a partir de la recolección.

En tanto, Marcia Castro, encarnadora de Lebu, acusa abandono por parte de las autoridades por el escaso apoyo y reconocimiento a esta actividad. Ha sido testigo de cómo se han explotado estas especies, sin repoblamientos, y también de cómo los recolectores de algas han emigrado de la labor buscando otros horizontes más fructíferos.

Su escaso valor comercial es otro problema que enfrentan las algas. Una realidad que el biólogo marino, Marco Carvajal, ha tenido que lidiar en un proyecto de cultivo experimental de chicoria de mar del cual es partícipe. Con su pequeña escala de producción y con una valorización de $350 pesos el kilo, el negocio no es rentable económicamente. Sin embargo, destacó iniciativas que han puesto en valor a algas, como por ejemplo, snacks a base de luche. Lo cual puede incrementar hasta diez veces más el precio por kilo.

Algas en la cocina

En tanto, Nutrimar-Biobío destacó la actividad, cuyo objetivo es entrelazar lazos y acercar a la comunidad de recolectores, para así fortalecer la cadena de producción de las algas mediante una serie de capacitaciones, seminarios y talleres a partir de los beneficios alimenticios de las algas.

En este sentido, el proyecto Nutrimar-Biobío tiene contemplado la materialización de una cocina con equipamientos enfocados a las preparaciones culinarias con algas. Estará disponible en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Concepción para apoyar emprendimientos e iniciativas que valoricen a las algas desde lo alimenticio.

“Nosotros tenemos el compromiso de capacitación. Vamos a tener el apoyo de un chef profesional que ya está trabajando en varias cosas relacionadas con algas y van a haber capacitaciones para la generación de alimentos” sostuvo el Dr. Agurto.

Cabe señalar que Nutrimar-Biobío es proyecto integrado por investigadores del Centro de Biotecnología y de las facultades de Química, Agronomía y Farmacia de la Universidad de Concepción y cuyo objetivo es investigar e innovar en alimentos algales.

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