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En los últimos días hemos presenciado un lamentable y grave quebrantamiento en la institucionalidad del país, ya que el órgano constituyente se ha tomado atribuciones fuera de su límite de acción en el que, de forma antojadiza, un grupo de convencionales ha cambiado las reglas del juego. No solo se aprobó por mayoría cambiar el quórum a uno mucho menos exigente con el fin de aprobar reglamentos y alterar criterios de votación- lo que es contrario al art. 133 de la Carta Fundamental que no les permite decidirlo-, sino que también ha imperado el autoritarismo y una falsa idea soberana en las votaciones de distintas indicaciones.

Se estableció que la Convención tiene poder “originario” y se rechazaron la idea de incluir el término “República de Chile” y adoptar medidas para facilitar a los medios de comunicación información sobre la Convención. Resulta preocupante como vamos avanzando en la construcción de la “casa de todos” con señales como estas, ya que la Convención debiese atender a los límites que el orden jurídico le impone y que se acordaron el 15 de noviembre, donde todas las voluntades políticas – a excepción del partido comunista- abrieron paso a este proceso con las atribuciones establecidas, ni más ni menos.

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Nuestro país se caracteriza por tener una amplia tradición institucional y destacar en los primeros lugares de los rankings de América sobre calidad y cumplimiento de normas. Pero no basta solo con respetar los acuerdos, sino que también la clase política debe ser capaz de defender las instituciones y su democracia, pues solo así podremos construir un país estable y desarrollado con visión a futuro.

Necesitamos más que nunca que la clase política contribuya a canalizar el cambio constitucional sin actitudes irresponsables, buscando mecanismos para que se cumpla la ley y atenuar los efectos peligrosos para nuestra democracia.

La sociedad civil también debe jugar un rol importante en este proceso, pues con criterio y participación podrían conducir por buen camino a la Convención Constitucional. Todos debemos estar alerta y rechazar cuando prime lo popular por sobre lo correcto, todos debemos cuidar nuestras instituciones, porque, como señalan los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, los países no fracasan por el clima, geografía o la cultura, sino por políticas dictadas por instituciones extractivas que obstaculizan el desempeño de cualquier país que quiera conseguir desarrollo y prosperidad.

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