Cerrar Publicidad (10s)

La contingencia nos obliga a tratar en esta columna un tema que ha sido largamente discutido en la literatura económica y que hoy acapara los titulares de la sección económica en los diarios. Me refiero a la inflación, el alza sostenida en los precios que provoca que la vida sea más cara. Este fenómeno, que ha estado siempre presente en las peores crisis sociales latinoamericanas, hoy amenaza una otrora robusta economía chilena.

Las voces expertas han puesto las señales de alarmas. El Banco Central en el Informe de Política Monetaria (IPOM) elevó hasta un 5.7% la proyección de inflación anual acumulada, todo esto empujado por los niveles de liquidez extraordinarios que estamos viviendo. Ahora bien, ¿de qué manera afecta esto en la vida cotidiana? ¿por qué motivo nos puede interesar lo que diga el IPOM?

La inflación se mide a través del Índice de Precios del Consumidor (IPC) que mes a mes actualiza el Instituto Nacional de Estadísticas. Esto es un aspecto importante, debido a que el IPC está compuesto por una canasta de productos básicos y representativa de las familias de nuestro país. Por consecuencia, si la inflación crece de manera acelerada quiere decir que las familias están gastando cada vez más por los mismos productos básicos. A su vez, el IPC determina muchas veces reajustes en los contratos, en las tasas hipotecarias, en los créditos, entre otras cosas, por lo tanto, tiene incidencia directa en el día a día.

Te puede interesar:

Lamentablemente, este fenómeno económico es regresivo, quiere decir que afecta con mayor preponderancia a las personas de más bajos recursos; mientras que los sectores más acomodados de nuestra sociedad poseen diferentes métodos para resguardarse. Las personas más vulnerables no poseen capacidad de ahorro, ya que destinan un porcentaje mayoritario de su presupuesto mensual en adquirir productos básicos, por lo tanto, están mucho más expuestos al alza de precios. Por otro lado, las personas más acomodadas destinan un porcentaje mucho menor de sus ingresos a la compra de productos básicos, teniendo la posibilidad de disponer de recursos para ahorro o inversión. En conclusión, la inflación es un problema mucho mayor para los pobres.

Actualmente, parte de la discusión en nuestro país pareciera que no fuera consciente de la gravedad que subyace de esta situación. En particular, parlamentarios de todos los sectores políticos, en una verdadera fiebre de populismo, quieren aprobar un cuarto retiro de nuestros fondos previsionales, lo que a todas luces sería una catástrofe en el objetivo de mantener la inflación controlada. A lo anterior, se suman las voces que en un acto irracional pretenden eliminar la Unidad de Fomento (UF) para combatir la inflación. Esto último es tan ridículo como querer eliminar los termómetros para combatir la fiebre. Además, sin entrar en tecnicismos, la UF ha permitido, por ejemplo, que nuestro país presente niveles de acceso a créditos hipotecarios que son la envidia latinoamericana.  

Lee también:

Como hemos visto, la inflación no es tan solo un tecnicismo económico, es una amenaza real que afecta a la población más vulnerable de nuestro país. Por ello, en un acto de mínima responsabilidad y conciencia social, debemos hacer todo lo posible como país por contenerla. Se debe mantener la autonomía del Banco Central, continuar con la seriedad de las Políticas Monetarias y robustecer la confianza en las instituciones. Todo esto trae como consecuencia un mejor vivir para aquellos que más lo necesitan.

Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de www.sabes.cl El Diario Digital del Gran Concepción.

Para esta y otras informaciones, únete gratis a nuestro canal de Telegram haciendo click aquí.

Cargando más noticias...