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Recientemente, se dio a conocer la historia de un can que esperó por dos semanas a su dueño que tuvo que ingresar de urgencia al Cesfam Padre Vicente Irarrázaval de Estación Central.

Según relató LUN, hace unas dos semanas llegó un hombre agonizando hasta el recinto asistencial y entre sus acompañantes iba un perro de patas cortas, que insistió en entrar con él a Urgencias.

No se lo permitieron así que el animal se echó afuera de la sala de espera del recinto y ese día pasó la tarde mirando hacia dentro a través de un ventanal.

María José Riveros, kinesióloga del Cesfam, indicó al medio antes mencionado, que el perro estuvo dos semanas esperando al hombre en el consultorio. Lo que no sabía el can era que ese hombre, su dueño, había fallecido ese mismo día a causa de un infarto.

"Los guardias tuvieron que alejarlo para poder ingresar al paciente. Se nota que es un perro de casa, porque no sabe cruzar la calle. A veces teníamos que salir corriendo para que no lo atropellaran, porque cruzaba cuando venían los autos", contó María José, quien trabaja haciendo PCR en el Cesfam.

Hacía rondas diarias

Conforme a su relato, durante la primera semana el perro hacía rondas diarias por el consultorio. Entraba, miraba hacia urgencias, olfateaba a un par de personas y cuando alguien le ofrecía comida o se acercaba a hacerle cariño, él se iba a caminar a otro lado, fuera del recinto.

El perro tardó una semana en aceptar los mimos en el Cesfam. Cuando lo hizo, ya recibía la comida que le ofrecían e incluso tomó la confianza para quedarse todo el día dentro del consultorio.

María José también contó que hasta tomaba sol en un resbalín, aunque cuidándose de no molestar a los tres perros que residían en el recinto.

"Él dormía en el frontis del Cesfam, a un costado, siempre bajo techo. Cuando hacía frío, le poníamos un cartón. La última semana pasó todo el día con nosotros. Incluso nos pedía comida", recordó Riveros.

Su espera terminó pero se descubrió que estaba herido

La espera del can terminó este miércoles, pero los funcionarios del Cesfam a primera hora se dieron cuenta que no podía levantarse.

Lo trasladaron hasta una clínica veterinaria en Recoleta, donde descubrieron que el animal llevaba varias semanas con un balín de acero en la columna., que le había perforado la médula espinal.

Cristián Mella, fundador de SuperCan es quien apadrinó el tratamiento del perro y cree que este se encariñó con el hombre que falleció en el Cesfam por alguna razón.

La hipótesis que sostiene el veterinario que lo atendió es que la persona seguramente le curó sus heridas y le brindó cariño, porque no se encontró entrada o salida del proyectil. A ello se le suma que le había crecido el pelo.

Hoy el perro lucha por volver a caminar y la fundación SuperCan junto a los funcionarios del Cesfam pretenden iniciar una campaña para costear los gastos de su tratamiento, así como también su adopción.

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