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Chile es un país donde existen más de 319 mil organizaciones de la sociedad civil, que principalmente cubren brechas que el Estado no satisface, directa o indirectamente, proponiendo un nuevo sentido de lo público, haciéndolo colaborativo y co-responsable para la construcción de soluciones para las comunidades.

En ese sentido, esta lógica busca que la acción se transforme en un medio para el fin, que es la necesidad o la problemática que se busca solucionar o tensionar un camino para satisfacer una situación en particular. El gran problema surge cuando el medio ya no pasa a ser lo relevante, sino que su fin, el cual nubla la justa razón de la existencia de la filantropía, pasando a ser un populismo filantrópico.

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Es necesario saber el origen de lo que estamos hablando: Según la Real Academia Española de la Lengua, entenderemos filantropía como “Amor al género humano”. Persona que se distingue por el amor a sus semejantes y por sus obras en bien de la comunidad. Los antecedentes latinoamericanos de las actividades filantrópicas se remontan al periodo Colonial (siglos XVI, XVII y XVIII). En este periodo las acciones filantrópicas fueron orientadas de manera individual y estuvieron basadas en obras, siendo el apoyo a hospitales el más común.

La filantropía es una de las acciones que como cultura occidental hemos visto durante siglos, siendo una plataforma para que el mundo sea mejor: desde el Renacimiento con las grandes familias de las Ciudades Estados con los talentos como Da Vinci hasta las becas de “Familias notables” del día de hoy, son la demostración de que, a través de la filantropía, como amor al ser humano, se crea un bienestar y un desarrollo del quehacer de las sociedades.

El problema es cuando esta fuerza se mal utiliza para otros propósitos, siempre éstos ocultos, detrás de bambalinas. Es así como el populismo filantrópico es la plataforma de "solución" de la apatía de lo Estatal en zonas donde reina el cuoteo de poder de la politiquería y el paternalismo empresarial, construyendo una relación de “negocios filantrópicos”, traficando con el dolor como plataforma de recaudación.

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¿Cómo se valida un buen populista filantrópico? al igual que lo hacían los primeros colonizadores del mundo: con medios, alhajas y bellaquerías, pero principalmente ejecutando el principal capital que los ayuda a moverse: la reputación con los sectores más acomodados y poderosos, incrementando así la confianza, visto lo anterior como un capital transable.

No todo lo que brilla es oro, hay un extremo que transforma el amor al hombre, la filantropía, en amor al poder y al posicionamiento publicitario como un semidiós, la encarnación del bien en la tierra, comprando conciencias con letras en medios de comunicación o con videos de mentiras vestidas de verdad.

En conclusión, sería esperable y exigible a quienes se alzan con altura moral que actúen con un altruismo acorde a la situación, aun cuando la tentación sea profunda y grande, resignificando el sentido genuino de la acción filantrópica.

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