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Un grupo de jóvenes de la localidad de Rucalhue, en la comuna de Quilaco, mantiene una lucha incansable e ininterrumpida.

Desde hace más de 100 días, efectúan una toma en el terreno donde se pretende construir la eventual cuarta central hidroeléctrica del Río Biobío.

Interrumpiendo sus vidas por un bien común, ellas y ellos llevan a cabo una lucha, dicen, en nombre de la naturaleza. Se llaman a sí mismos Semillas del Lirquén.

Orígenes

Si bien llevan 100 días resistiendo, su historia es más antigua. Surgió con el Estallido Social, pero se gestó en base a años de injusticias. “Semillas del Lirquén nació como un grupo de amigos que veía lo que estaba sucediendo en el país”, relató Paula Riffo, vocera de la organización.

La joven explicó que junto a sus amigos decidieron formar SDL con el objetivo de visibilizar problemáticas que aquejan a su localidad. Y, en ese contexto, su postura en contra de la instalación de la represa Rucalhue emergió como su más ferviente lucha.

“En el caso particular de la represa Rucalhue, teníamos rabia de que nos hayan obligado a aceptar algo que no queríamos. Cuando esta empresa llegó éramos menores de edad y nunca nos dejaron oponernos al proyecto”, indicó la dirigente.

Al respecto, Riffo argumentó que “acá se acostumbra que nadie reclama, nadie dice nada por miedo a que no te den un beneficio, miedo a la persecución. Hay muchos factores de los que se ven en todas las luchas a lo largo del territorio”.

En ese sentido, señaló que el precedente de las tres centrales hidroeléctricas ya construidas a costa del Biobío hace que la situación duela aún más. “El tema de la represa para nosotros es súper hiriente. Fue shockeante que hayan decidido los mismos de siempre un proyecto que nos va a destruir el lugar al que nosotros pertenecemos”, expresó.

“Creían que más de dos semanas no íbamos a estar y aquí estamos todavía”

Paula Riffo recuerda con claridad los días previos a que se tomaran el terreno. Reconoció que, para ellos, la decisión siempre estuvo al caer. “Nosotros decimos que ‘es un pan que se venía cocinando casi por un año’”, comentó.

Consultada acerca de qué evento gatilló la gestación de la idea, la dirigenta lo tiene claro. Fue durante los primeros días de la pandemia en Chile. En abril de 2020.  “Lo que más nos impactó fue que en una crisis sanitaria, nos hayan obligado a encerrarnos y, al mismo tiempo, hayan traído máquinas al río”, rememoró.

Las estaciones se sucedieron y luego, ya en 2021, pasaron a la acción. “Desde ese 2 abril, estuvimos mucho tiempo pensando en cómo lo podíamos hacer. Entonces, llegó el verano y empezamos a detener el tránsito allá. Lo detuvimos alrededor de dos días y después llegamos un día lunes. En principio, íbamos solo a almorzar. Pero con unos amigos decidimos quedarnos. Y nos instalamos”.

De ahí en más, los días fueron pasando hasta que recientemente, para sorpresa de sus detractores, completaron 100 días de protesta ininterrumpida. “Armamos un pequeño techo y nos instalamos a vivir. Nos decían que no íbamos a estar ni tres días, nos echaban a los Carabineros, pero no nos podían sacar sin una orden. Creían que más de dos semanas no íbamos a estar y aquí estamos todavía”.

Respecto de cómo pasan sus días, entregando gran parte de sus vidas a la causa, Paula Riffo reconoce que no ha sido fácil. “Hay compañeras que renunciaron a sus vidas por defender el Río. Es el acto de amor más grande que he visto en mi corta vida. Ha sido súper fuerte pasar de vivir en tu casa a convivir de esta forma y en grupo”, manifestó.

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Además inesperadas presiones externas suelen intentar amenazar su resistencia. “Algunos acá tienen el apoyo de sus familias y otros no. Es que igual vienen tipos de la empresa a meterse a nuestras casas. Incluso han mandado concejales. Con cosas como estas te das cuenta de que no existe sólo una persecución empresarial, sino que también es municipal”.

En esa línea, la vocera detalló que incluso los foráneos intentan desarticular su movimiento culpándola. “Vienen a meterse a nuestras casas. Les dicen a los papás de algunos que nos van a meter presos, que nos van a manchar los papeles para siempre. Que si les pasa algo, yo no le voy a responder a nadie. Porque me culpan a mí, como soy la vocera de la organización”, señaló.

Aun así, Paula se mantiene segura de sus convicciones. Sabe que pelea por algo justo. “Yo siempre he dicho que si tengo que tomar algún tipo de responsabilidad no tengo ningún problema. Con honor y gloria me voy presa si es por esta causa. Yo no le estoy robando a ninguno de mis vecinos ni estoy matando a nadie. Sólo quiero que una transnacional salga de Chile”, indicó.

Sobre el vínculo de SDL Rucalhue con las autoridades locales, Paula es clara. “No hay relación con las autoridades con respecto a Quilaco. Con Santa Bárbara, de primera el alcalde como que se hizo presente, pero después se retiró, porque igual la empresa lo fue a amenazar”, puntualizó.

Producto de ello, desde casi el primer día de toma, saben que deben luchar por cuenta propia. Que no pueden depender de quienes se niegan a escucharlos. “Nosotros nos dimos cuenta de que estábamos solos y que teníamos que resistir”.

Al respecto, Paula indicó que desde el municipio de Quilaco les han dicho que ya nada puede hacerse. “Sus respuestas son ‘Rucalhue negoció, que se haga cargo de los errores que cometió’. Y no es así. Porque si la gente hubiera sabido lo que de verdad iba a pasar, estoy segura que otro cuento estaríamos contando”, declaró.

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