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Llegan las elecciones y, como siempre, una parte de la ciudadanía debe cumplir con un deber adicional, junto al de emitir su voto.

Se trata de los vocales de mesa, quienes elección tras elección son los responsables de que el proceso funcione correctamente.

Y mientras a algunos les desagrada, otros reciben el designio con alegría. Algunos, incluso, intentan integrarse como vocales de mesa voluntarios aun cuando no han recibido el llamado.

Monserrat González es una de ellas. Muy temprano, salió de su casa, capeó el frío de la mañana, y llegó hasta su local de votación, ubicado en el Liceo Industrial Hernàn Valenzuela de la comuna de Hualpén. Todo con el objetivo de ser anfitriona en la fiesta de la democracia.

 “Me motivó la experiencia. Encuentro que podría ser entretenida. Y bueno, también me motivaron las lucas, la plata que te pagan por estar acá”, explicó la joven.

Consultada por la reacción de su familia ante su decisión, la mujer reconoció que no recibió demasiado apoyo. “Mi familia me dijo ‘¿cómo no te da flojera?’, ‘¿por qué tanto?’, ‘¿Cómo no te da flojera?’. Me dijeron que mejor me quedara en la casa. Pero aquí estamos”, comentó.

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