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Luego de más de dos meses, se escribe una de las páginas más emotivas de la conmovedora historia que sacudió al país. 

Esta tarde los restos del pequeño Tomás Bravo retornaron a Arauco, su lugar de origen. El mismo lugar que le vio crecer y, tristemente, abandonar este mundo muy antes de tiempo.

En el simbólico periplo, cientos de personas acompañaron a “Tomasito” en el camino que separa el SML de Concepción de su hogar en Arauco. Con globos, niños disfrazados de animalitos, con gritos mediados por mascarillas o con lágrimas silenciosas. Cada quien dijo “adiós” al pequeño en su propio código.

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Y en Arauco, el emotivo viaje tuvo su catarsis. Personas de todas partes de la ciudad interrumpieron sus rutinas para recibir al cortejo fúnebre. Por fin, después de 56 días, el pequeño volvía, de cierta forma, a estar entre sus coterráneos.

Con el transcurso del tiempo, las emociones se fueron agudizando. Y, del mismo modo, cientos de voces se fundieron en una misma consigna; clamaban por justicia.

“Solo queremos una cosa: Justicia para Tomás”, comentó con vehemencia uno de los asistentes. “Justicia quiero yo. Es lo único que quiero. Porque yo también tengo hijos, nietos”, exclamó otra persona. “Lo único que pedimos es que se haga justicia. Porque aquí sí hay responsables. Él era un angelito, un bebé”, declaró amargamente una mujer.

Otros participantes del evento se refirieron a la profunda tristeza que les causaba la dualidad de tener al pequeño ahí, a apenas unos cientos de metros, y a la vez tan distante. “Estoy con mucha pena, mucho dolor en mi corazón. A cada momento me ando acordando de él”, manifestó entre sollozos una señora. “Este evento me pareció muy bonito. Muy conmovedor. Pero 'Tomasito' no merecía esto; él merecía vivir”, sostuvo uno de los presentes.

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