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Por primera vez el denunciante que acusó por abuso sexual al ex rector del seminario menor de Concepción, recientemente expulsado del sacerdocio, Hernán Enríquez Rosas, entregó un testimonio público sobre lo que le ocurrió.

En una carta al director enviada a Sabes.cl reflexiona sobre lo sucedido, cuánto le costó hablar, pero finalmente asumir lo ocurrido y luchar por justicia:

Estimados y estimadas:
Ahora, después de casi 20 años he sentido la necesidad de comunicar un hecho que dañó mi vida. En este momento soy un joven. Tenía apenas 14 años de edad. Mi vida se vio perturbada por un abuso sexual, cuyo agresor fue el entonces sacerdote Hernán Enríquez Rosas. Era el rector del Seminario Menor de Concepción, Chile.

Los hechos se remontan al año 2002 cuando decidí ingresar al Seminario Menor de Concepción. Mi motivación fue por participar activamente en la Iglesia Católica. Fui acolito, participaba en las eucaristías. Sentí que tenía vocación para el sacerdocio. Era mi sueño y no me veía desarrollando otra actividad o profesión.

Al momento de avisarme que había sido aceptado sentí mucha felicidad. Era mi sueño. Era lo que más deseaba. Mis padres tenían sentimientos encontrados. Mamá nunca estuvo muy contenta con mi decisión. Sentía que era muy niño para discernir una vocación. Recién había terminado la enseñanza básica. Bueno, tal vez la intuición de madre la hacía oponerse a mi decisión.

A inicios del mes de marzo de ese año, un día domingo, partimos junto a mi familia rumbo al Seminario Menor de Concepción. Era un día muy especial para mí. Era el día en que me incorporaría como seminarista. Tenía emociones contradictorias: Me estaba alejando de mis padres; pero por otra parte estaba muy contento por mi sueño, comenzar el camino del sacerdocio. Sueño que se vio arruinado por este vil sacerdote. Sueño que fue arrebatado por este cura que se jactaba ser un hijo de Dios. Era el guía espiritual de tantos niños, adolescentes y jóvenes. Quizás, igual que a mí, habrá hecho daño a otros y no han sido capaces de sobreponerse. Este cruel sacerdote me arrebató lo más preciado de la vida de un niño, su inocencia.

Una noche, en el transcurso de la primera y única semana que estuve en el seminario, me ocurrió un hecho repugnante. El sacerdote Hernán Enríquez me arrancó parte de mi vida. Fue un criminal. Desde ese hecho perdí mi adolescencia, mi inocencia… Este cura arruinó mi vida. fui abusado sexualmente por este. Ha sido
lo peor que me ha pasado. Todo cambió desde ese criminal episodio.

Al pasar los años nunca lo hablé con nadie. Más bien quise borrar este traumático hecho. Luego de siete años decidí contarles a mis padres, también a mi polola que actualmente es mi pareja y compañera de vida. No sé si fue bueno hacerlo. Esto me dañaba de manera permanente. La verdad es que no podía seguir soportando
este dolor. Desde ese momento recibí el apoyo de mis padres y de mi pareja.

Al día siguiente de contárselo, mis padres realizaron denuncia en la PDI, luego en la Arquidiócesis de Concepción. El Arzobispo Ezzati se mostró poco empático durante todo el proceso. Trató de encubrir el hecho. La PDI me llamó a declarar. No quise hacerlo porque no me sentía preparado para volver a revivir el hecho. Esa denuncia quedó incompleta en tribunales.

El año 2018, debido a la apertura de tantos casos de abusos por parte de sacerdotes chilenos, fue que me decidí hablar. Mi madurez y el acompañamiento de mi padre fue lo que me llevó a contarlo todo. Fui contactado por el Ministerio Público, en Concepción. Accedí hablar con el Fiscal. Entregué mi declaración, pero sin detalles. Creía que no lograría nada al haber pasado tantos años; además de quedar expuesto a la opinión pública, conocidos, amigos…

Al salir a la luz tantos casos y con la llegada del Arzobispo Charles Scicluna, fue lo que me motivó y dio seguridad para denunciar y dar a conocer lo sucedido. Ese año se retomó el caso. Se reinició la investigación canónica en contra del sacerdote Hernán Enríquez. Conté todos los detalles del abuso a los sacerdotes de la
investigación previa. Dio como resultado la verosimilitud del caso.

Luego se inició el juicio en el Tribunal Canónico, donde volví a declarar, entregando
los detalles del cruel episodio. Esto pasó luego a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en El Vaticano.

El 17 de marzo de este año me notificaron de la sentencia unánime del Tribunal Canónico: La expulsión como sacerdote de Hernán Enríquez Rosas. Por fin se llegó a la verdad y se hizo justicia. Espero que esto ayude a que los niños y jóvenes cuenten y denuncien lo que pudieran estar sufriendo por algún abuso.
A mí hoy me sirve contar esto para sanar en parte las cicatrices del alma que aún perduran.

Un saludo afectuoso, víctima de abuso.
Concepción, marzo 2021

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