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El retrato de Leonardo da Vinci de 1503 protagonizado por Lisa del Giocondo, (La Mona Lisa). Mujer de 24 años, madre de cinco hijos y esposa de un rico comerciante de seda florentino, es sin duda la obra de arte más famosa del mundo, realizada por el multifacético artista.

Sin embargo, pocos hemos notado la silla en la que se sienta la misteriosa mujer u otros detalles como su sonrisa. La reacción del legendario escritor e historiador renacentista Giorgio Vasari, que nació pocos años después de que Da Vinci comenzara a trabajar en la imagen sugirió: "La boca, con su abertura y sus puntas unidas por el rojo de los labios a los tintes de la carne del rostro". Observó en sus célebres "Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos".

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"En esta obra de Leonardo, había una sonrisa tan agradable que era algo más divino que humano de contemplar, y se consideraba como algo maravilloso, en el sentido de que era algo vivo". El fascinante misterio de la sonrisa de Mona Lisa y de cómo Leonardo la aprovechó mágicamente. Para crear "algo más divino que humano" y, sin embargo, "nada más y nada menos que con vida" resultaría ser demasiado intenso para muchos.

El crítico de arte francés del siglo XIX Alfred Dumesnil confesó encontrar la paradoja de la pintura completamente paralizante. En 1854, afirmó que la "sonrisa está llena de atracción, pero es la atracción traidora de un alma enferma que retrata locura". Y si hay que creer en la leyenda, la "atracción traicionera" de la sonrisa irresoluble de la Mona Lisa. Consumió también el alma de un aspirante a artista francés llamado Luc Maspero.

Según el mito popular, Maspero, quien supuestamente terminó sus días al saltar desde la ventana de su habitación de hotel en París, fue conducido a una distracción destructiva por los susurros mudos de los labios absortamente alegres de la Gioconda.

Vía BBC
Vía BBC

Las manos, los párpados y otros detalles

Sin embargo, no todo el mundo se ha contentado con localizar el centro de la mística magnetizante de la Mona Lisa en su enigmática sonrisa. El escritor victoriano Walter Pater creía que era la "delicadeza" con la que se pintan sus manos y párpados lo que nos paraliza e hipnotiza. Haciéndonos creer que la obra posee un poder sobrenatural.

En 1936 el poeta irlandés William Butler Yeats se vio obligado a tomar una frase de la descripción de Pater. Y dividirla en versos libres e instalarlos como poema de apertura en el Oxford Book of Modern Verse que Yeats estaba compilando entonces.

Por otro lado, están el agua, a ambos lados por cuerpos de la misma que fluyen y que el artista coloca ingeniosamente. De tal manera que sugiere que son aspectos del ser mismo de su modelo. Y la silla pozzetto. Al situar a la Mona Lisa dentro de un "pozo pequeño", Da Vinci la transforma en una dimensión siempre fluctuante del universo físico que ocupa.

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