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El relato de Catina Randolph, la mujer que no creyó que su hermano José se suicidó

Publicado por Redacción Sabes

17/08/2020 23:41:03

El caso Randolph está en la memoria colectiva del Gran Concepción como uno de los últimos casos de violación a los derechos humanos en Dictadura, y que hasta hace poco, de no ser por Catina, se hizo pasar por un suicidio.

Hace 12 años atrás, Catina Randolph, hermana de José, tomó todos los recortes de prensa que su padre, Enrique, guardó desde el momento de la desaparición y muerte de su hijo.

Enrique Randolph no pudo con la pena, se quitó la vida en 1990 con 56 años. Su madre tomó la misma decisión, y con 63 años a cuestas, se suicidó en 1993.

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Ambos no pudieron superar el episodio que les había arrebatado al menor de sus hijos, sin una explicación lógica.

La tarea la encabezó Catina; su objetivo era lograr justicia terrenal.

El fallo, reconoce Catina, “nos da esa sensación de haber logrado lo que mi padre no pudo y que como familia nos da la tranquilidad de quizás ir cerrando el duelo”.

En rigor, el episodio de José, desencadenó también la muerte de sus padres.

Por ello, indica Catina, es“la continuación de la historia de asesinato de mi hermano, mis padres no pudieron resistir y finalmente se quitaron la vida”.

Sobre los condenados Mauricio Vera Cortesi y Jaime Barría Sánchez, Catina destaca que sobre ello no existe “ni rencor, ni odio”.

“Estuve en conversación con Mauricio Vera y dentro de todo ellos insisten que no fueron, pero claramente si, porque no hay otra persona que haya intervenido, ensañado, torturado y dado muerte a mi hermano”, agregó.

La Corte Suprema estableció de manera definitiva que José Randolph murió asesinado por una pareja de Carabineros luego que el joven chocara su auto con la barrera de un retén policial frente al Club Hípico, en el entonces Hualpencillo.

Allí el estudiante de Ingeniería Civil Mecánica de la Universidad de Concepción fue torturado, obligado a escribir una carta de despedida arrojado por un risco en la playa Rocoto de Hualpén.

Catina, al igual que su padre, nunca creyó en el suicidio y hace 12 años le dio valor a un registro de prensa que su padre llevó desde el inicio del caso.

Los condenados deberán cumplir cinco años y un día de cárcel por este crimen.

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