No existen los independientes

No existen los independientes

Antonio Gramsci señaló y escribió que odiaba a los indiferentes, ya que en la vida uno tenía que tomar partido o asumir posiciones, por eso, agrega el pensador sardo, “La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”.

Al respecto, por estos días, por no decir desde algún tiempo a esta parte, una especie de fantasma recorre el país, el fantasma de los independientes o de aquel que se dice independiente, tratando de equipararlo con la expresión del apolítico; es decir, aquel que no quiere por ningún motivo aparecer vinculado o relacionado con partido, agrupación o movimiento alguno. Craso error al señalar aquello, ya que algunas personas parecen confundir de plano la categoría de independiente con la del apolítico, peor aún con la del apartidista.

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Veamos, una cosa es declararse independiente y otra muy distinta apartidista o peor aún apolítico, no en el sentido de estar contra los partidos, sino más bien en la figura de no militar o adscribir a una determinada orgánica; por tal motivo repetir hasta el hartazgo que ser independiente es ser apolítico o apartidista, refleja no sólo ignorancia, desconocimiento, sino más bien una falta profunda de convicciones.

Por tal motivo, una cosa es ser apartidista, es decir, no reconocer militancia alguna en partido, otra cosa es decirse apolítico, lo cual carece de todo fundamento, ya que todos y todas somos políticos y hacemos política ya sea en el barrio, población, ONGs, sindicatos, gremios, colectivos, movimientos, etc., En otras palabras todos y todas dialogamos, debatimos, pensamos y nos inquieta, con mayor o menor frecuencia, los problemas de la sociedad (ciudad o país), y finalmente querer asumirse como independiente, con una especie de purismo ante el resto.

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¿Es que acaso el mentado independiente no representa intereses, sensibilidades, relaciones de poder?, ¿es que acaso el independiente vive distanciado o aparte de la sociedad, en una especie de estratosfera, por lo tanto, no tiene opinión, punto de vista o compromiso con los problemas de la sociedad? Por lo tanto, situar al independiente en una condición de purismo o impoluto versus al militante o al comprometido como alguien viciado o corrompido (por el sistema), constituye no solo una falacia, sino que una trampa grosera que requiere ser puesta en discusión.

En consecuencia, no existen los independientes, ya que estos, al igual que los militantes o integrantes de alguna orgánica representan y defienden intereses y cuotas de poder; por tal motivo, así como no existen los que se dicen o asumen como apolíticos, tampoco existen los mentados independientes. De ahí entonces y parafraseando a Gramsci podríamos decir que “odio a los independientes”.

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