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Desde hace unos días comenzó a difundirse la historia de Luis Bravo y su herencia de 7 mil millones de pesos, la que se encuentra vacante luego de su muerte en diciembre de 2017 y que se convirtió en un deseado objetivo para varias personas a lo largo de Chile.

El hombre murió a sus 86 años, después de un matrimonio que no dejó hijos ni familiares directos que pudieran heredar su fortuna, la que cultivó tras su despido de la siderúrgica Huachipato de Talcahuano, cuando invirtió los millones de su indemnización en empresas que, luego de años, le generaron amplias ganancias.

Ahora, tras su fallecimiento y el de su esposa, surgieron distintos interesados en quedarse con su patrimonio, partiendo desde la asesora del hogar que le sirvió durante 40 años hasta una falsa amante con un ficticio testamento.

Nélida López Ramírez trabajó y vivió en la casa de Luis Bravo y su mujer durante más de cuatro décadas, y se convirtió en heredera cuando el hombre, en su lecho de muerte en un hospital de Concepción, dejó una orden verbal de que sus bienes fueran dejados a la empleada y tres familiares de su esposa.

Esta petición, sin embargo, nunca fue legalizada y eso llevó a que el abogado José Ignacio Castillo presentará ante el Ministerio de Bienes Nacionales en Concepción una denuncia de herencia vacante, la que le permitiría, si no se acreditan otros beneficiarios, recibir un 30% del total del patrimonio de Bravo, que finalmente recaudará el Fisco.

Los "herederos" no terminan ahí, ya que además surgió la figura de una supuesta amante del difunto, Rosa Pérez Verdugo, quien aseguró que en el año 2000 recibió un escrito efectuado por Luis Bravo donde le dejaba todos sus bienes a ella y su esposa. Si una de las dos fallecía, la fortuna pasaba en su totalidad a la otra.

Pero este documento resultó ser falso, o más bien correspondía a otro autor, a Livio Scamperle Musina, que además jamás menciona a Rosa Pérez en su testamento ingresado en una notaría de Santiago.

El último sujeto que intentó obtener parte de la codiciada herencia fue un ciudadano australiano de La Serena, Juan Carlos Alarcón, quien demandó en septiembre a Bravo por una supuesta deuda correspondiente a un pagaré de $1.723 millones que también resultó fraudulento, puesto que los timbres de notaría del documento eran falsos.

El punto final para esta historia y que además demora indefinidamente el reparto del dinero, es que la madre del millonario, Bertina Bravo, no está registrada como fallecida en el Registro Civil, pese a que hoy superaría ampliamente los 100 años. Mientras no se comprueba la muerte de la mujer, ella es la única heredera y la fortuna continuará sin un destino cierto.

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